El mercado del alquiler ha arrancado 2026 batiendo récords. Vivir arrendado nunca había sido tan caro. En promedio, el metro cuadrado se paga ya en 14,34 euros, según los últimos datos oficiales, pero esta cifra esconde una realidad muy distinta. Si se trata de precios, Madrid lidera la lista con 21,81 €/m², seguida de Baleares, con 18,67 €/m², y Cataluña con 16,42 €/m².
Apenas hay pisos y los pocos que salen al mercado vuelan en cuestión de minutos. Como resultado, la subida interanual del 14,7% ha convertido al alquiler en una auténtica carrera. Quien quiere alquilar compite con decenas de candidatos, y quien ya lo hace, teme la actualización de los contratos.
Pero no solo los inquilinos viven en tensión. En plena subida de precios, y con leyes que priorizan la protección al vulnerable, muchos pequeños propietarios aseguran sentirse desamparados. Y es que, con los okupas bajo el foco y la lentitud judicial, ha surgido un nuevo miedo: el alquilar.
Un país con 24.000 viviendas okupadas a la venta
España ya supera las 16.400 denuncias por allanamiento o usurpación al año, según datos del Ministerio del Interior. En porcentaje, apenas es un 0,06% del parque total de viviendas, pero su impacto mediático y psicológico es inmenso. Tan solo Cataluña concentra más del 40% de los casos, seguida de Andalucía y la Comunidad Valenciana.
La situación ha dado lugar a una nueva categoría en los portales inmobiliarios: los pisos okupados a la venta. Según Idealista, hay más de 24.000 en toda España, un 17% más que el año pasado.
Estas ‘ventas sin posesión’ se publican con descuentos del 40 al 60% respecto al precio del mercado. Se trata de propiedades que los bancos ya no financian y que solo interesan a inversores dispuestos a asumir procesos judiciales largos y costosos.
El resultado es simple. Los propietarios, ya agotados, venden muy barato para recuperar la tranquilidad, mientras los inversores compran esos ‘problemas’ y esperan que la justicia haga su trabajo.
“Quiero quitármela de encima por mi salud mental"
Esther es una propietaria española que es un claro ejemplo de lo que está sucediendo. Compró su piso con esfuerzo, pensando en su jubilación, y hoy lo vende por pura desesperación. “Es por salud mental, me está provocando mucho desgaste físico, psicológico… lo regalo”, confiesa la mujer ante las cámaras de Espejo Público.
Su vivienda está valorada en unos 300.000 euros, pero ella ha decidido ponerla a la venta por tan solo 60.000 euros. No porque no tenga comprador, sino porque dentro sigue viviendo una familia que ha dejado de pagar el alquiler.
“Llamé a una empresa de desokupación y no hicieron nada. Le puse un detective privado a Lady Lorena de Torrent, tiene un hijo y cobra en B… limpia casas y cuida niños. Presuntamente es vulnerable, y así sigue viviendo”, explica ante las cámaras.

Esther asegura que no pertenece a ningún fondo ni a grandes tenedores: “Somos gente de clase media-baja que a base de mucho esfuerzo compramos un piso para tener un desahogo en la pensión”. Ahora, solo busca recuperar la tranquilidad.
Y no se equivoca. Mientras el metro cuadrado se dispara y los pisos vacíos se convierten en negocios peligrosos, los propietarios sienten que ese alquiler ya no es un hogar, sino una auténtica carga.

