El año pasado fue un año negro para el pequeño comercio español. Según las asociaciones de autónomos UPTA y UATAE, cerraron 13.586 tiendas en solo doce meses, una media de 38 cierres al día. En la última década, España ha perdido 142.000 comercios de proximidad, casi un 20% de su tejido comercial.
Detrás de cada persiana bajada hay una historia como la Esperanza Nieto. Tiendas familiares, librerías, ultramarinos o herbolarios que han sido parte de la vida de los barrios durante generaciones. Pero la combinación de alquileres desorbitados, gentrificación y turismo masivo está empujando a estos negocios al borde del cierre.
Solo en Madrid en 2025 desparecieron 7.084 comercios de barrio. Las carnicerías o fruterías tradicionales retrocedieron hasta un 24% en cinco años. En Barcelona el panorama es el mismo: los locales de toda la vida conviven cada día con una invasión de franquicias, tiendas de souvenirs y cafés ‘instagrameables’.
Y es que, la gentrificación, ese proceso que sustituye vecinos por turistas, ha escondido a la identidad. Donde antes había una mercería, ahora puedes encontrar un local de brunch. Donde había un taller, mañana puede que tenga colgado un cartel de ‘se alquila’.
Abierto desde 1856
Esperanza Nieto es dueña de un herbolario histórico abierto desde 1856. Después de 170 años el próximo septiembre será cuando se termine el contrato. "Estamos a la incertidumbre. No sé si me lo renovarán, creo que tendré que irme de aquí", confiesa ante las cámaras de La Sexta.
Su herbolario es un rincón que escapa de la modernidad: “Mi tienda ofrece trato con la gente. A mí lo que me interesa son las personas, hay quien solo viene a sentarse y no a comprar”.
El único problema es el alquiler y la posible no renovación del contrato. Esperanza teme lo peor: “Solo pido que me mantengan el precio que tengo ahora, que ya me cuesta pagarlo”, explica.
“Solo quedan tres vecinos de toda la vida”
Los propietarios aprovechan la financiación de contratos antiguos para multiplicar el precio de los alquileres, muchas veces impulsados por el valor turístico de la zona. Así, negocios centenarios son sustituidos por locales de lujo o multinacionales.
“Falta proteger los locales. No hay que conservar la fachada, sino lo que tenemos dentro. Están convirtiendo los negocios de siempre en tiendas de lujo. Hay que sacar leyes contra la especulación porque esto está siendo un robo”, sentencia la mujer.
Y es que Esperanza admite que en su edificio “solo quedan tres vecinos de toda la vida”, los demás son pisos que se destinan a apartamentos turísticos. “El turismo no genera ni red de apoyo, sino solo individualidad”, explica.

El problema del alquiler no solo afecta a los hogares, sino, tal y como detalla Esperanza, también al comercio local. Los precios han subido más de un 10% en solo un año, y en las zonas tensionadas, como Madrid o Barcelona, el esfuerzo para mantener un local céntrico se ha convertido en una odisea.
La comerciante no quiere rendirse, pero empieza a prepararse para lo peor. “Si no me renuevan, tendré que buscar trabajo. No abriría otra tienda”, dice. El suyo no es solo un comercio, sino que se trata de una memoria viva que lleva consigo eventos históricos como la inauguración de las primeras líneas de ferrocarril, cómo llegaba la luz eléctrica a las calles e incluso la Guerra Civil.

