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Erich Fromm, filósofo: "El hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad, y no el malvado o el sádico"

Ni los malvados ni los sádicos representan el mayor riesgo para nuestra especie, sino la desconexión emocional del individuo común que se deja arrastrar por el sistema hasta convertirse en un robot social.

Una imagen del pensador.
Erich Fromm, filósofo: "El hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad, y no el malvado o el sádico" |WEB | psicologiaymente
Fátima Pazó
Fecha de actualización:
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El psicoanalista y filósofo Erich Fromm fue uno de los pensadores más lúcidos de la Escuela de Fráncfort. Tras huir de la Alemania nazi en 1934, dedicó su existencia a comprender por qué las sociedades modernas, a pesar de sus avances, tienden a caer en brazos del autoritarismo y la deshumanización. 

Para Fromm, la batalla principal se encuentra en cada persona, justo en la elección constante entre amar la vida (biofilia) o sucumbir a la fascinación por el control y la destrucción.

Una de sus tesis más inquietantes y actuales sostiene que el verdadero riesgo para el futuro no reside en los "monstruos" aislados, sino en la burocratización del mal: “El hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad, y no el malvado o el sádico”.

 Fromm nos advierte que, cuando un individuo pierde su brújula moral y se convierte en un engranaje de la "máquina social", es capaz de cometer o permitir las mayores atrocidades simplemente por obediencia o inercia.

Entre el lobo y el cordero: su motor intelectual

Fromm creció en una familia judía ortodoxa, un entorno que marcó su interés por la ley y la ética antes de volcarse a la sociología y al psicoanálisis. Sin embargo, su pensamiento fue un "humanismo dialéctico" que bebió de fuentes tan diversas como Marx, Freud y el budismo zen. 

Se preguntaba constantemente si el ser humano era, por naturaleza, lobo o cordero. Su conclusión fue que somos ambos, pero que la sociedad industrial tiende a exacerbar nuestra parte más dócil y autómata para que encajemos sin roces en el mercado.

El pensador en la Universidad de Columbia

Para él, la libertad no es solo un derecho político, sino una capacidad psicológica que nos aterra. En sus obras cumbres, como El miedo a la libertad y El arte de amar, explica que el hombre moderno, al sentirse solo y desamparado, prefiere renunciar a su independencia y "vender su vida como un capital" para sentirse seguro dentro del rebaño. 

“La autoestima en el ser humano actual depende de factores externos y de sentirse triunfador respecto al juicio de los demás”, señalaba, describiendo a un consumidor eterno que busca calmar su vacío espiritual mediante el apetito material.

Biofilia contra la cultura del "tener"

La trayectoria de Fromm fue una búsqueda constante de una "senda madura y productiva". En México, donde fundó instituciones clave de psicoanálisis, desarrolló su teoría sobre la biofilia: el amor apasionado por la vida y por todo lo que está vivo. Frente a esto, identificó la necrofilia, que no solo es la atracción por la muerte, sino la tendencia a transformar lo orgánico en algo inorgánico, controlado y mecánico.

Fromm fue también un pionero en la defensa de los derechos de la mujer, identificando que el dominio del hombre sobre la mujer fue el "primer acto de conquista y el primer uso explotador de la fuerza"

Para él, una sociedad que explota a la mitad de su población y educa en la obediencia ciega, ya sea a un Dios castigador o a un dictador, es una sociedad enferma que prepara el terreno para el ‘síndrome de decadencia’.

 El despertar del autómata

La frase de Fromm sobre el peligro del hombre ordinario con poder extraordinario es un llamado urgente a la responsabilidad individual. Significa que la tecnología y la estructura social han otorgado a personas comunes (burócratas, técnicos, ciudadanos que “solo cumplen órdenes”) herramientas con una capacidad de destrucción total

Si estos individuos no desarrollan una ética propia y una capacidad de desobediencia racional, se convierten en "robots" que, al carecer de sentido vital, terminan por odiar la vida misma.

Para superar este peligro, Fromm nos propone vencer la enajenación: dejar de ser bienes de consumo para volver a ser sujetos de nuestra propia historia. La verdadera oportunidad de progreso no está en avanzar hacia fuera, sino hacia dentro, retomando el valor de la vida interior para no ser, como él decía, "robots que, al no poder vivir cuerdos, buscan destruir el mundo y a sí mismos".