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Científicos aplican nicotina durante 22 meses en ratones y descubren que retrasa el envejecimiento ligado a la edad

El experimento asocia el consumo oral de nicotina purificada con una mejor conservación de la movilidad en la vejez del animal.

Dos ratones en un laboratorio haciendo pruebas
Dos ratones en un laboratorio haciendo pruebas |Envato
Francisco Miralles
Fecha de actualización:
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Durante años, la nicotina ha ido estigmatizanda bajo el mismo relato que el cigarro tradicional, es decir, adicción y enfermedad. Pero la biología, a veces, obliga a separar piezas que en la vida real viajan juntas. Un equipo de investigación ha seguido durante 22 meses a ratones que bebían agua con nicotina purificada y ha observado que al llegar a la vejez, esos animales mantuvieron mejor la movilidad que los del grupo de control, como si el “desgaste” motor típico de la edad fuese más lento.

El estudio, publicado en Advanced Science, muestra que los ratones que tomaron nicotina por vía oral desde jóvenes conservaron mejor el rendimiento en pruebas de movimiento y coordinación, especialmente con la dosis más alta, sin que los autores detectaran daños evidentes en los órganos analizados en esas condiciones.

La nicotina no es lo mismo que fumar

El experimento hace una aclaración importante y es que fumar tabaco y la nicotina no son lo mismo. Es decir, en la toma de nicotina no hay combustión, ni alquitrán, ni monóxido, ni la mezcla de sustancias que hace del cigarrillo un problema sanitario masivo. Sabiendo esto, el estudio se centra solo en cómo afecta la nicotina aislada y administrada de una forma concreta (en el agua).

Según el estudio, el beneficio es, sobre todo, de movilidad, pues los ratones tratados se mueven más y sostienen mejor tareas de equilibrio y coordinación habituales en este tipo de estudios. En cambio, cuando se miran pruebas sencillas de memoria en el animal, el resultado no es tanto, ya que el envejecimiento cognitivo aparece y la nicotina no lo corrige de forma clara en esas medidas.

En otras palabras, el estudio demuestra que hay una mejora más, por así decirlo, del envejecimiento “físico” que de memoria.

Energía, intestino y ciertas grasas “señal”

El artículo explica que, con el paso de los meses, la nicotina empuja al organismo hacia un funcionamiento algo más eficiente a la hora de gestionar la energía, especialmente en tejidos ligados al movimiento.

En esa explicación entra, primero, el intestino y la comunidad de microbios que vive en él (la microbiota). Esa microbiota cambia con la edad y puede influir en procesos del resto del cuerpo. Según el estudio, la nicotina habría contribuido a mantener esa comunidad más estable con el tiempo y habría modificado algunas sustancias que esos microbios producen y que el organismo utiliza como señales.

El segundo elemento son ciertas grasas que forman parte de las membranas de las células y que, además, funcionan como “mensajeros” internos. Los autores explican un cambio de equilibrio entre dos de esas grasas en las que, por un lado tiende a acumularse con la edad en distintos contextos, y otra que aparece relativamente más alta en los ratones tratados. En la hipótesis, ese ajuste se asocia a un mejor estado energético del músculo, que es clave para sostener la movilidad.

Además, el trabajo resalta que la nicotina junto a una molécula consiguen que las células obtengan energía y se mantengan en buen funcionamiento.