Aunque el sistema sanitario español no atraviesa su mejor momento, con profesionales cada vez más agotados y ratios de pacientes elevados, España sigue contando con una de las mejores coberturas sanitarias del mundo. Un contraste que muchos ciudadanos no valoran del todo hasta que se marchan a vivir al extranjero, donde descubren que el acceso universal, la atención médica y la calidad asistencial no siempre están garantizados.
La experiencia personal de Aurora Guijarro, española que vive en Estados Unidos, lo demuestra a la perfección. “Hoy he ido al médico en Estados Unidos después de un año posponiéndolo. Y es que la sanidad aquí no tiene ni pies ni cabeza”, exponía en su cuenta personal de TikTok (@auroraguijarro). En primer lugar, explicaba que, lo primero que le dijeron nada más llegar al médico, es que debía 400 dólares, de su visita del año anterior. “A mí no me había llegado ni un email, ni una carta, ni nada. Yo no tenía ni idea. No llego a ir hoy y no me entero”, detallaba.
Dicho esto, añade que siempre que se acude a consulta, hay que pagar entre 15 y 30 dólares de copago. Acto seguido, pasa a relatar su última experiencia: “Mi cita literalmente han sido 5 minutos, que me han mirado que todo estuviera bien. No me han hecho ningún análisis de sangre, nada, o sea, no me han hecho ningún examen de tener que llevar muestras al laboratorio. Pues esa cita van a ser 200 dólares, que mi seguro se encargará de ello. Cruzo los dedos porque después de lo de hoy no lo tengo tan claro”.
Problemas con el seguro
Esta joven asegura que tuvo que pelearse todo el día por teléfono con su seguro y con la clínica por el pago pendiente de 400 dólares. “Resulta que el año pasado, cuando yo fui por primera vez a esta clínica, me recetaron un medicamento. Y yo quedé con los de la clínica que el medicamento me llegaba allí y yo todos los meses iba a la clínica a por el medicamento. ¿Qué pasó? Que también me estaba llegando a la farmacia de al lado de mi casa”.
Aurora relata que comenzó a preocuparse porque, cada día, le llegaban dos o tres mensajes de la farmacia para que fuera a recoger el medicamento. Cuando acudió a la misma, se dio cuenta de que el medicamento de la farmacia era de otra marca distinta a la que estaba tomando en la clínica. Por ello, se dirigió a la misma para que se lo pudieran solucionar. Fue entonces cuando le informaron de que tenía 200 dólares que su seguro no había cubierto, pero desconocían el motivo.
En esta situación, contactó con el seguro, pensando que se iban a hacer cargo. “No volví a saber del seguro. Entonces, supuse que se había encargado de eso y seguí mi vida”. Sin embargo, como había cogido ese medicamento en dos sitios, “sin saber yo lo que iba a pasar”, resulta que tenía que pagar el medicamento extra que había cogido. “Llego a saber que tengo que pagar el otro medicamento que ni lo usé, es que no lo cojo”, afirma.
Lo peor de todo, añade, es que, tras dos horas hablando por teléfono, su seguro se desentendió totalmente: “No les interesa aportar ni un céntimo y al final la clínica se va a hacer cargo de esos 400 dólares que tenía pendientes”. Aurora explica que, si le hubieran explicado “bien las cosas”, esto nunca hubiera ocurrido. Tampoco entiende por qué, si una persona tiene un pago pendiente, no se le informa de ello, pasando todo un año.
“Tanto el hospital como el seguro médico van a hacer que todo el proceso sea sufrimiento para que al final te des por vencido y pagues lo que tengas que pagar. Y esto es una de las razones por las que no me quiero quedar a vivir a largo plazo en este país, porque vivo todo el rato con la angustia de ‘y si me pasa algo y tengo que ir al médico’”.
De hecho, indica que, de surgir esta necesidad, ya sabe que tiene que mirarlo antes con el seguro y cerciorarse de lo que cubre. “Y bueno, ya si tienes una emergencia y tienes que coger la ambulancia, apaga y vámonos”, concluye.

