Conciliar trabajo y familia sigue siendo uno de los grandes retos en España, más aún con el encarecimiento del coste de la vida y escaso apoyo público a las familias numerosas. Mientras la natalidad cae a mínimos históricos, hay hogares que luchan por mantener su día a día entre empleo, emprendimiento y crianza.
Es el caso de Ana Iglesias, madre de diez hijos, que ha decidido contar en redes sociales cómo ha sido su trayectoria profesional y personal para sacar adelante a su familia. Su camino académico fue de menos a más. “En el colegio era bastante normalita”, reconoce, aunque durante la universidad logró destacar hasta obtener la licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas con sobresalientes y alguna matrícula de honor.
Al terminar la carrera, comenzó unas prácticas en Caja Madrid, a la vez que cursaba un máster en Dirección Comercial y Marketing. La conciliación no fue sencilla. Se marchaba de casa “a las 7 de la mañana y volvía a las 11 de la noche”. Jornadas de siete horas en el banco y cinco de clases que la mantenían fuera de su hogar todo el día.
Pero el esfuerzo tuvo recompensa. Tras completar su formación, fue contratada de manera indefinida en la entidad bancaria, que más tarde pasaría a ser Bankia. Durante los años siguientes continuó ampliando su perfil con varios títulos propios, uno de ellos en experiencia de cliente, coincidiendo con el embarazo de su tercer hijo, Diego.
Del empleo estable al emprendimiento familiar
El punto de inflexión llegó con un trabajo de fin de curso, en el que planteó la creación de una tienda de puericultura. “Mi marido me dijo: ‘Si quieres, lo llevamos a cabo’”, recuerda. El proyecto se materializó en un comercio que durante años se convirtió en un referente en la zona norte de Madrid.
Sin embargo, la pandemia truncó esa etapa. El cierre forzoso, las facturas acumuladas y las dificultades para recuperar la actividad debilitaron el negocio. Al mismo tiempo, Ana comenzó a crear contenido en redes sociales, lo que la llevó a delegar la gestión diaria de la tienda. “En el momento en que yo desaparecí, la tienda empezó a ir para abajo”, explica. Tras ocho años de actividad, decidió cerrar.
En lugar de abandonar el emprendimiento, abrió una tienda de calzado que gestionó en solitario. Sin embargo, la carga volvió a ser excesiva. Entre el negocio, las redes sociales y el cuidado de sus hijos, y que estaba embarazada del décimo, el ritmo terminó por volverse insostenible.
Finalmente, decidió parar
La decisión final fue quedarse en casa durante un tiempo para centrarse en su familia y en la creación de contenido digital. No lo plantea como una renuncia definitiva, sino como una pausa necesaria ante una carga que se había vuelto difícil de sostener.
Su experiencia, compartida en redes sociales, muestra lo difícil que resulta mantener carreras profesionales exigentes cuando la conciliación sigue siendo limitada, una situación que afecta especialmente a las familias numerosas.

