El sector de la construcción lleva años alertando de la falta de relevo generacional. Empresas, asociaciones y sindicatos coinciden en que cada vez hay menos jóvenes que se incorporen a los oficios tradicionales. Sin embargo, quienes trabajan día a día en las obras sostienen que el problema no siempre está en la falta de interés de los jóvenes, sino en la dificultad para encontrar empresas o profesionales dispuestos a enseñar.
Es la visión de Yara, una montadora de placas de yeso laminado (conocido popularmente como pladur) de 25 años que trabaja como oficial de primera y que acumula ya siete años en el sector. Durante una entrevista en el pódcast Sector Oficios, la trabajadora explica que su experiencia con alumnos en prácticas contradice el discurso habitual.
Según asegura, el interés existe, pero muchas veces falta alguien que dedique tiempo a formar. “Los chavales sí quieren aprender, los que no quieren enseñar son los demás”, afirma.
Yara comenzó su trayectoria tras estudiar un grado medio relacionado con obra civil. Después de realizar prácticas en una empresa, terminó quedándose a trabajar en ella. Con el paso de los años ha ido ganando experiencia hasta convertirse en oficial de primera, participando en todo tipo de proyectos.
De las prácticas a trabajar en rehabilitación de palacios
Su trabajo consiste en montar sistemas de placa de yeso laminado en diferentes obras, desde construcciones nuevas hasta rehabilitación de edificios históricos. Según explica, en estos años ha tenido la oportunidad de participar en proyectos especialmente complejos.
“He trabajado en rehabilitaciones de palacios del siglo XV. Tengo tres palacios hechos con 25 años”, señala.
Para ella, el atractivo del oficio está precisamente en esa variedad y en la creatividad que exige. Mientras algunas tareas pueden resultar repetitivas, hay otras que requieren mucha precisión y capacidad de imaginar estructuras antes de construirlas.
“Me gustan los retos, las curvas, los techos raros, las cosas complicadas. No me pongas a hacer metros porque es aburrido”, comenta.
Su experiencia demuestra que la formación práctica es clave. Según explica, durante sus estudios se tocaba muy poco trabajo real de obra, algo que cambia radicalmente cuando se empieza a trabajar sobre el terreno.
“Si a los chavales les das una oportunidad, son los mejores oficiales”
Uno de los temas que más preocupa al sector es la falta de relevo generacional. Muchas empresas aseguran que los jóvenes no quieren dedicarse a los oficios. Sin embargo, Yara sostiene que el problema es otro: la falta de tiempo o voluntad para enseñar.
Durante estos años ha trabajado con numerosos alumnos en prácticas y asegura que su actitud suele ser muy positiva cuando se les permite aprender. “Yo he tenido a 15 chavales de prácticas y nunca me ha pasado lo que dicen algunos empresarios”, explica.
En su opinión, el verdadero obstáculo aparece cuando los profesionales con más experiencia no quieren dedicar tiempo a formar. “No quieren perder tiempo ni dinero enseñando a la gente”, afirma.
Por el contrario, cuando se les da una oportunidad, los resultados llegan rápido. “Si a los chavales les das una oportunidad y les das una mano, son los mejores oficiales que vas a tener”, asegura.
Para Yara, éstos buscan algo más que un salario: quieren sentirse orgullosos de su trabajo y tener un oficio que les permita construir algo tangible. “Ellos solo piensan en tener un oficio de verdad” comenta.
Un oficio que se quiere abrir a más jóvenes y más mujeres
Además del relevo generacional, Yara también defiende que la construcción necesita atraer a más mujeres. Aunque reconoce que sigue siendo un sector con muy poca presencia femenina, asegura que su experiencia ha sido mejor de lo que esperaba.
“Quiero llegar a un montón de chicas y que se den cuenta de que este oficio también es nuestro”, explica.
En su día a día sigue encontrándose con prejuicios, especialmente en redes sociales, donde algunos usuarios dudan de que sea ella quien realiza los trabajos que muestra. “Nunca creen que sea yo la que levante el peso ni la que monta”, cuenta.
Aun así, su motivación sigue siendo la misma que cuando empezó. Más allá del salario o las condiciones del sector, lo que le mantiene en la construcción es la satisfacción personal que encuentra en su trabajo. “Soy feliz yendo todos los días a las seis de la mañana a trabajar”, concluye.

