Ante la situación económica que atraviesa España, ya no sorprende que cientos de jóvenes hagan las maletas en busca de oportunidades lejos de casa.
Los precios imposibles de la vivienda, los sueldos bajos y la incertidumbre laboral han empujado a toda una generación a mirar hacia otros horizontes.
Y aunque esté literalmente “al otro lado del mundo”, Australia se ha convertido en uno de los destinos más deseados. Allí, entre el polvo del desierto, se encuentra Virginia, gaditana de 31 años que pasó de ser actriz y modelo a trabajar en las minas.
“Estudié periodismo, pero en cuanto terminé la carrera me fui a Holanda a trabajar como guía turística”, cuenta en una entrevista a NoticiasTrabajo.
Aquel fue el primer paso de una vida nómada. Desde niña, dice, siempre sintió curiosidad por “cómo se vive en otros países”. En su pueblo, una base naval norteamericana despertó esa inquietud que ahora define su vida: “Me encanta probar de todo, es aprendizaje continuo”, detalla.
De los turistas al barro
Su camino al corazón minero no fue directo. Tras un paréntesis obligado por la pandemia, regresó a España donde trabajó como modelo y actriz; pero su espíritu aventurero la llevó a recorrer medio planeta de nuevo. “No tenía ni idea del trabajo en las minas hasta que llegué a Australia y quise probar este mundo”, confiesa.
Hoy, su jornada comienza a las seis de la mañana en una mina donde se encarga del mantenimiento con mangueras de alta presión: “Cobro 45 dólares la hora, unos 25 euros”, explica. Aunque los sueldos resultan atractivos, insiste: “No estoy aquí por el dinero”.
Las condiciones no son fáciles: turnos de 12 horas y temperaturas extremas. Aun así, Virginia disfruta del reto físico del entorno: “He vivido en mitad del desierto, en el bosque, en una mina… te da una adrenalina increíble”.
Mujeres mineras
Su experiencia también le ha hecho reflexionar sobre el papel de la mujer. “Aquí, una mujer representa mucho respeto. En España viví mucho machismo y me indigno cada vez que voy”, afirma.
En su equipo, de 25 personas que han llegado a ser, 20 fueron mujeres. “Cada vez encuentras a más mujeres en la mina”, confiesa con orgullo. Y es que, para ella, trabajar en este ambiente también es sinónimo de empoderamiento: “He sentido conexión con mi cuerpo y mi fuerza”, detalla la joven gaditana.
Virginia no tiene casa fija. Vive con lo que necesita. “Soy nómada completamente, no tengo piso”, dice. Prefiere ahorrar y disfrutar de cada etapa. “Esto no es para todo el mundo, pero yo lo disfruto por mi personalidad”, confiesa.
Su visado en Australia termina pronto, pero su próximo destino ya está decidido. La joven se irá a trabajar a Nueva Zelanda. Mientras tanto, comparte su día a día en sus redes sociales con un claro objetivo: algún día convertirse en periodista de viajes.

