Empezó sin saber hacer la masa y hoy gestiona un imperio con 30 marcas: esta empresaria andaluza detalla la realidad detrás de sus cifras millonarias y explica por qué facturar no es lo mismo que ganar.
Reme Zambrana, es la empresaria detrás de una pizzería, Marruzella, el negocio de restauración italiano en el que empezó sus andaduras, y que hoy ha convertido una oportunidad familiar en un imperio: “Estoy facturando casi los 10 millones de euros, con IVA”.
Al igual que otros emprendedores, Reme habla con total transparencia de sus orígenes humildes en el canal de YouTube, El hombre descalzo, y de la realidad financiera de su empresa, desmitificando la cifra de facturación frente al beneficio real.
El origen: la visión de una madre y una "separación" estratégica
El comienzo de todo no fue una idea de Reme, sino de su madre, "La Pepa", una mujer analfabeta pero con una visión comercial privilegiada. Fue ella quien decidió el futuro de sus hijos. “A estos dos los tengo que separar... para que no haya problemas familiares luego”, sentenció su madre. Así, mientras a su hermano le dejaba el negocio original, a Reme le montó un restaurante italiano, Marruzella, en 1990.
El reto era mayúsculo, pues se lo entregó "llave en mano" pero sin formación previa. Reme confiesa sus inicios con total sinceridad: “Yo no tenía ni idea de cómo se hacía una masa de pizza”. La solución fue el ingenio: un trueque con el pizzero de la discoteca Pachá, a quien su marido enseñaba a conducir a cambio de que él le enseñara a ella el oficio.
La llegada de grandes competidores como Telepizza en el 91 puso a prueba su supervivencia. Fue un consejo familiar, el de su tío, el que salvó el negocio: “Tito, ¿qué hago? Tú un dos por uno, sobrina”. Esa estrategia de guerrilla los martes y domingos fidelizó a su clientela en Jerez.
Expansión: del "Ferrari de cocina" a las marcas virtuales
Cuando llegó el momento de crecer, Reme apostó fuerte. En su expansión a Cádiz, invirtieron 1,5 millones de euros en un local donde la eficiencia era la prioridad. “Hicimos una señora cocina, un Ferrari de cocina”, explica sobre el diseño de las instalaciones, pensado para que el trabajador diera los menos pasos posibles.
La intuición también guió su llegada a Sevilla Este, donde al principio eran unos desconocidos, o como ella dice gráficamente, “una lenteja” en un mercado enorme.
Para rentabilizar esas grandes infraestructuras y combatir los costes, Reme pivotó hacia el delivery aprovechando sus cocinas para operar múltiples marcas. “En esta cocina está Marruzella... [pero] he creado cinco marcas diferentes”, detalla. La matriz es ésta, el negocio físico, pero en ella se cocinan las recetas de las virtuales, las Dark Kitchens: Burrito Rico, Cachopo Va, Qué Bomba, Milanesas Marianas y Peppa Pizza.
Gracias a esta estrategia hoy gestiona un volumen impresionante: “30 negocios abiertos en plataformas”.
La realidad de los números: "Si facturas 10, te queda uno"
Reme es tajante a la hora de explicar la economía real de su empresa, diferenciando claramente entre el dinero que entra en la caja y el que realmente se gana. “Si tú facturas 10, el beneficio neto... para ti es aproximadamente uno”, aclara para ilustrar que su margen ronda el 10-12% tras pagar gastos, impuestos y amortizaciones.
Los costes son elevados, “hay muchísimos gastos”, afirma. La materia prima y el personal se llevan el grueso de los ingresos, sumado a suministros que pueden dar sustos importantes, recordando facturas de “10.000 € de luz” en un solo mes.
A pesar del éxito, Reme tiene claro el valor de su legado y su responsabilidad con los empleados. Ante una hipotética venta por “15 kilos” (15 millones de euros), asegura que no vendería, aunque reconoce que por una cifra superior se lo pensaría para asegurar el futuro.

