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Los mayores de 55 años superan por primera vez en tasa de desempleo al grueso de la población activa con más precariedad y amenaza la cuantía de sus futuras pensiones

Un estudio avisa de que sus salarios se resienten y que, al tener más difícil acceder al mercado laboral, más una edad de jubilación más elevada, repercutirá en sus futuras pensiones.

Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y Economía Social
Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y Economía Social |EFE
Francisco Miralles
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España esta cambiando el mercado laboral y está afectado a los más mayores, es decir a los trabajadores más seniors. Por primera vez en la serie histórica, la tasa de desempleo de los mayores de 55 años (9,8%) ha superado a la del grupo central de la población activa, de 25 a 54 años (9,4%), según revela el último informe Esenciales elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) al que ha tenido acceso NoticiasTrabajo.

Este “sorpasso”, consolidado en 2025 tras iniciarse la tendencia en 2023, no es una mera oscilación cíclica, sino el síntoma de una fractura estructural, pues quien pierde su empleo a pocos años de la jubilación se enfrenta a una reinserción marcada por la temporalidad y unos salarios que se desploman, lo que impacta directamente en la base reguladora que determinará su futura pensión, tal y como establece la normativa de la Seguridad Social, y las reformas de las pensiones como la Ley 27/2011 o el Real Decreto 2/2023.

El informe, dirigido por Lorenzo Serrano, catedrático de la Universidad de Valencia e investigador del Ivie, pinta un escenario dual. Mientras los trabajadores mayores que conservan sus empleos de larga duración disfrutan de estabilidad y sueldos superiores a la media (más de 40.000 euros anuales), aquellos que se ven obligados a buscar un nuevo puesto sufren una penalización severa. La edad, que tradicionalmente actuaba como un escudo frente al despido, se ha convertido en un factor de riesgo para la exclusión laboral.

Los datos del estudio son elocuentes respecto a las dificultades de retorno al mercado. El 57,9% de los desempleados mayores de 55 años son parados de larga duración, una cifra que supera en más de 20 puntos a la del grupo de edad intermedio. Cuando logran reincorporarse, las condiciones distan mucho de las que disfrutaban, ya que más de la mitad (52,6%) firma contratos temporales y uno de cada tres se ve relegado a ocupaciones elementales muy por debajo de su cualificación.

Esta precariedad evidentemente tiene un reflejo en la nómina que cobran cada mes, pues un trabajador mayor con menos de un año de antigüedad en su nuevo puesto percibe una media de 19.500 euros anuales, una cifra inferior incluso a la de los jóvenes en situación similar y que representa menos de la mitad del salario de sus coetáneos con carreras ininterrumpidas.

Impacto directo en la pensión de jubilación

La devaluación salarial al final de la vida laboral tiene consecuencias que se reflejan en la cuantía de la pensión de jubilación. Según la Ley General de la Seguridad Social y las modificaciones introducidas por la Ley 27/2011, la suma de la pensión contributiva de jubilación se calcula en función de las bases de cotización de los años previos al hecho causante. En concreto, la base reguladora se obtiene dividiendo las bases de cotización de los últimos 300 meses (25 años).

El Real Decreto-ley 2/2023, que culminó la última reforma de las pensiones, introdujo la posibilidad de elegir entre los últimos 25 años o los últimos 29 años descartando los dos peores para el cálculo de la base reguladora. Ahora bien, para un trabajador sénior que encadena desempleo, contratos temporales y salarios de 19.000 euros tras haber cotizado por bases mucho más altas, el deterioro de su futura pensión es inevitable. Aunque el sistema contempla mecanismos de integración de lagunas para los periodos sin cotizar, estos se rellenan con la base mínima a partir del mes 49, lo que apenas mitiga la pérdida de poder adquisitivo para quienes venían de rentas medias o altas.

Un obstáculo para el retraso de la jubilación

Con todo, esta realidad choca frontalmente con los objetivos del Gobierno y las recomendaciones del Pacto de Toledo de prolongar la vida laboral para garantizar la sostenibilidad del sistema ante el envejecimiento demográfico. “Resulta difícil retrasar la edad efectiva de jubilación cuando una parte creciente de los trabajadores sénior queda atrapada en el paro o solo accede a empleos de baja calidad», advierte Lorenzo Serrano en el informe.

El estudio termina explicando que donde el relevo generacional es cada vez más escaso, la economía española no puede permitirse el desperdicio de talento sénior. La solución propuesta pasa por combatir los estereotipos de edad en la contratación y, sobre todo, intensificar la formación continua. Los datos avalan esta vía, pues la tasa de paro se reduce a la mitad (5,4%) entre los mayores con estudios universitarios, quienes logran, además, reinsertarse con salarios significativamente más altos, cercanos a los 34.000 euros.

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