En la última década, España se ha consolidado como uno de los principales destinos europeos para la migración de mujeres, especialmente procedente de América Latina, Europa del Este y África. Pero, aunque muchas de ellas llegan con una sólida formación académica y experiencia profesional en sus países de origen, la realidad a la que se enfrentan en el mercado laboral español dista mucho de sus expectativas.
Obstáculos administrativos, la falta de homologación de títulos y la necesidad de obtener ingresos de manera urgente las empujan, en la mayoría de los casos, hacia sectores como el empleo doméstico y los cuidados, un sector en el que prima la precariedad.
Aceptan empleos precarios para poder “sobrevivir”
Es el caso de Lorena, una mujer colombiana que llegó a España hace dos años, que se vio obligada a aceptar un empleo muy por debajo de su formación. “En mi país era profesional y aquí estoy cuidando abuelos para sobrevivir”, relata en uno de sus vídeos de TikTok (@lore.cv94), donde comparte consejos y reflexiones para quienes, como ella, buscan abrirse camino en un entorno que les niega la oportunidad de ejercer la profesión para la que se formaron.
La historia de Lorena, que logró regularizar su situación mediante la solicitud de asilo político, evidencia las barreras a las que se enfrenta este colectivo, como las dificultades para convalidar los títulos académicos o las trabas administrativas a la hora de obtener permisos legales de trabajo.
Limpieza de casas y cuidado de mayores
Así, la creciente demanda de servicios de limpieza, cuidados a mayores y atención infantil, junto a la menor exigencia de requisitos formales en estos empleos, explica que para muchas migrantes estos sean prácticamente la única vía de inserción laboral. A estos factores se añade la necesidad de acceder a una fuente de ingresos, lo que facilita que acepten empleos por debajo de su cualificación y, frecuentemente, con condiciones precarias.
Sin embargo, pese a las dificultades y a la renuncia a una carrera profesional, muchas de estas mujeres reivindican su dignidad y su entrega en el trabajo que desempeñan. “No me define lo que hago, sino cómo lo hago”, reflexiona Lorena. “Si tengo que limpiar casas, las limpio como quisiera encontrar la mía. Si cuido niños o abuelos, lo hago con el cariño que me gustaría para los míos”, asegura, aunque advierte que la carga emocional y la sensación de desaprovechamiento pesan. “Hay días en los que me siento desanimada, y la crisis del migrante lo hace más difícil”, subraya.

