El constante incremento del coste de la vida y la crisis energética continúan poniendo a prueba la economía de los pensionistas, quienes deben hacer frente a una inflación que merma su poder adquisitivo mes a mes.
Antonio, un jubilado que ha compartido su situación en una entrevista en La Sexta, relata cómo su prestación resulta insuficiente para cubrir algo más que lo básico, obligándole a realizar constantes ajustes para subsistir.
Antonio explica que con su pensión "tiene que hacer matemáticas" para cuadrar las cuentas. A pesar de contar con ingresos mensuales, la realidad es que el dinero se esfuma en necesidades primarias. "Gano de pensión 1.000 euros y todo va prácticamente para comprar comida normal y corriente, no nos excedemos en nada", asegura, describiendo una rutina marcada por la austeridad y la falta de margen para imprevistos.
Su estrategia para ahorrar: recorrer 20 sitios y apagar la caldera
La estrategia de Antonio para estirar su pensión pasa por un control férreo del gasto y una búsqueda incansable de ofertas, una tarea que le exige tiempo y esfuerzo físico. "Yo puedo ir hasta a 20 sitios diferentes si es necesario para ahorrar un euro", confiesa, lamentando que en el mercado actual "está todo muy caro".
Sin embargo, el mayor golpe a su economía proviene de los suministros energéticos. Antonio detalla con preocupación el coste de mantener su hogar, señalando que en el último recibo de la luz y gas se dejó "220 euros, pero hubo uno anterior que eran 410".
Para evitar facturas desorbitadas, ha tenido que sacrificar su confort térmico. "Tengo que tener más cuidado con la caldera, ya la quito del todo. Muchas veces pongo un difusor", explica sobre su método para reducir el consumo.
Una subida "corta" que impide los lujos
Aunque las pensiones han experimentado revalorizaciones, para Antonio estas medidas no logran compensar la realidad de los precios. Sobre el último aumento, se muestra claro: "Después de la última vez que nos la han subido que nos dio una alegría muy grande, era tan poquísimo, que todavía están un poquito cortas".
Esta situación económica le ha obligado a renunciar a cualquier tipo de ocio o disfrute personal tras su vida laboral. "Me encanta viajar, pero no me puedo permitir esos lujos porque mi pensión no da para tanto", concluye, resignado a una jubilación donde las cuentas mandan sobre los deseos.