España es, por encima de todo, un país de propietarios. Más de 28 millones de españoles tienen las llaves de más de una casa, pero la situación está cambiando. En un mercado donde el metro cuadrado roza máximos históricos y comprar se ha vuelto un lujo, existe una figura que acapara todas las miradas: los grandes ‘tenedores’, propietarios que tienen más de diez viviendas en su cartera.
Este es el caso de Javier. A sus 30 años, mientras muchos jóvenes aún sueñan con independizarse, él ya gestiona 11 inmuebles repartidos por toda la costa, entre Cataluña y la Comunidad Valenciana. Ha trabajado duro para levantar este pequeño imperio inmobiliario, una colección de pisos que le ha permitido vivir con total holgura junto a familia, pero la situación está cambiando.
Javier, que hasta ahora una gran parte de su sueldo surgía de los alquileres, ha empezado a deshacerse de parte de su patrimonio. ¿El motivo? La inseguridad jurídica que, según confiesa, sienten hoy los dueños de los pisos.

“Hay más riesgo de impago y cada vez se ponen más trabas a los inversores inmobiliarios… Al final, lo que haces es sacar el dinero de ahí y ponerlo en un lugar más seguro”, sostiene el hombre en una entrevista en Espejo Público, programa de Antena 3.
Y es que, la última decisión del Gobierno, de prorrogar la suspensión de los desahucios en hogares vulnerables, así como el que no se ejecuten para los propietarios de 3 o más viviendas, es una medida que a Javier le parece “injusta”.
“Me fundiré la herencia con mis hijos”
Javier tiene una filosofía de crianza tan firme como sus activos. “Espero que mis hijos no necesiten mi dinero… Ellos se ganarán cada euro”, señalaba durante una entrevista con Sonsoles Ónega.
Mientras el precio de la vivienda marca máximos históricos, él utiliza su empresa para dar lecciones de vida a su hijo de cuatro años: “Me lo llevo a la empresa, barre un poco y lo incentivo con ese euro por ese esfuerzo. Él se gana el euro y se saca una bola con juguete”, explica.
Y es que, para Javier, es vital que aprenda que el dinero “no cae del aire”, una lección clave que destaca en un país donde la edad de emancipación ya roza los 30 años de edad. Este ‘entrenamiento’ financiero busca preparar a sus hijos para una realidad laboral que este hombre conoce de primera mano: “Cuando salgas a la vida real y sepas que no va a estar papá o mamá, vas a tener que esforzarte”.
Aunque utiliza sus redes sociales para mostrar su éxito, y donde confiesa que sus propios alquileres “pagan mi día a día”, se niega a criar a sus hijos en una burbuja de privilegios. “Yo les podría comprar todo lo que me pidieran, pero creo que así les estoy maleducando. No significa que le ponga una jornada de ocho horas, sino que le inculco que para conseguir ese juguete, va a tener que hacer algo”, sentencia.
Su objetivo final es que, al cumplir la mayoría de edad, sus hijos sean autónomos y sepan gestionar el patrimonio que él ha levantado como gran tenedor. En un mercado donde solo el 0,6% de los propietarios en España acumula más de cinco viviendas, Javier prefiere que sus hijos valoren el sudor y esfuerzo que hay detrás de cada inversión.

