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Un rumano instala placa solares y baterías domésticas en su vivienda y consigue reducir la factura de la luz de 100 euros a cero

La combinación de paneles solares y baterías de almacenamiento se acelera en Rumanía, empujada por el ahorro y por un mercado que crece a ritmo récord en Europa.

Placas solares en la terraza de una vivienda
Placas solares en la terraza de una vivienda |Gemini
Francisco Miralles
Fecha de actualización:
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Un rumano que pagaba unos 100 euros al mes (500 lei) en la factura de la luz ha pasado a dejar el recibo en cero tras instalar paneles fotovoltaicos y baterías de almacenamiento. El caso, difundido por la televisión rumana Observator, explica una tendencia donde miles de familias buscan producir su propia energía para esquivar precios volátiles y depender menos de la red.

El protagonista del reportaje, Bogdan Vizonie, explica su motivación con una lógica doméstica muy contemporánea: “Quería ser prácticamente independiente energéticamente” y pensaba en electrificar también la calefacción en el futuro con una bomba de calor, “que consume mucha electricidad”. La solución pasaba, por tanto, por generar y almacenar.

La clave está en lo que se conoce como “prosumidor”, que es la figura que permite consumir y, a la vez, inyectar excedentes a la red. Vizonie explica que en sus dos primeros días como prosumidor produjo 29 kWh que vertió a la red, además de cubrir lo que consumió en casa.

El auge se está notando en el mercado. Observator habla de más de 10.000 hogares al mes que instalan sistemas fotovoltaicos con baterías y anticipa que, para finales de 2026, casi la mitad de los prosumidores tendrán almacenamiento. Es un matiz importante: el crecimiento ya no se explica solo por el panel, sino por la batería.

Los números que aporta el reportaje ayudan a entender por qué. Según un instalador citado, el punto de entrada suele ser una batería de 5 kWh, con precios mínimos “alrededor de 200 euros (1.000 lei)”, aunque el mercado se está moviendo hacia capacidades de 15, 20 o 30 kWh, ajustadas al consumo del cliente.

En el ejemplo estándar que maneja Observator, una vivienda de 100 m² con un consumo de 400 kWh al mes y una instalación fotovoltaica de 8 kW se cubriría aproximadamente el 60% del consumo, pero la factura se acercaría a los 40 euros (200 lei). Si se añade una batería de 10 kWh, la cobertura subiría al 90% y la factura bajaría a unos 10 euros (50 lei).

El coste también está sobre la mesa: el precio medio de un sistema de este tipo se sitúa en torno a los 8.000 euros (40.000 lei). Aun así, el argumento del retorno aparece una y otra vez en el discurso: “en unos años” puede recuperarse la inversión, especialmente si la electricidad sigue encareciéndose.

El factor público y el salto de escala

La expansión no ocurre en el vacío. Observator señala que, tras el bloqueo del programa Green House el año pasado, en 2026 solo se podrá invertir en sistemas de almacenamiento, un giro que empuja a priorizar baterías frente a nuevas placas. Para los instaladores, lo “ideal” sería volver a un esquema que incluya fotovoltaica, aunque reconocen el “valor añadido” del almacenamiento.

Rumanía, además, está creciendo a un ritmo que el propio reportaje califica como el más rápido de Europa, ya que cerca de 300.000 hogares producen su propia electricidad y la capacidad total instalada alcanza los 3.400 MW. Algunos días, sostiene Observator, la solar fotovoltaica se convierte en la principal fuente del país, por delante del gas y la hidroeléctrica. Si el dato se consolida, la independencia energética empieza a dejar de ser una aspiración individual para convertirse en una variable nacional.