El comercio electrónico en España no ha dejado de crecer. Sin embargo, detrás de cada clic, hay un pequeño comerciante que intenta sobrevivir a los envíos que le llegan. Antonio, dueño de un supermercado de barrio, es uno de los miles de héroes anónimos que han convertido su local en un punto de recogida.
"Estás hablando de mover alrededor de 200 o 300 paquetes al día, pero la facturación estándar mensual es de unos 300 o 350 euros", confiesa a Adrián G.Martin. Para él, este negocio es una lucha constante para ganar tan solo unos cuántos céntimos.
El auge del ‘punto pack’
España cerrará 2026 superando los 1.350 millones de paquetes anuales, una cifra impulsada por el hábito estructural de comprar online. Según datos de la CNMC, la red logística gestiona ya una media de 3,7 millones de envíos diarios, disparándose hasta los 5,2 millones en épocas como el Black Friday.
Ante el aumento de las tarifas de envío a domicilio, que han subido hasta un 9% este año, los puntos de recogida se han vuelto indispensables: el 36% de los españoles ya prefiere recoger su pedido en el local de la esquina.

Este fenómeno ha transformado las tiendas de barrio en auténticas sucursales de correos. Con más de 25.000 puntos de conveniencia en todo el país, redes como InPost lideran el mercado con más de 9.500 ubicaciones. Pero, ¿qué gana el tendero? La realidad es que el margen medio es de apenas 13 céntimos por paquete. Como dice Antonio, "aquí no se trata de entregar paquetes, se trata de sobrevivir con céntimos y convertir tráfico en ventas antes de que el caos te coma".
Mucho ruido y pocas nueces
La logística parece el negocio perfecto hasta que las cajas invaden los pasillos. Antonio ha tenido que formar un equipo y limitar horarios para que el servicio no hunda su actividad principal. "Fue tanto el impacto que tuvimos que reaccionar con el tema del horario... nos afectaba un poco el tema de lo que es el producto", explica. A pesar de recibir a 100 personas diarias gracias a los paquetes, el retorno es mínimo: "Solamente un 10%" de esos visitantes termina comprando algo en el supermercado.
La paquetería representa apenas un 5% de sus ventas totales, una cifra "muy baja" para el volumen de trabajo que genera. Además, el riesgo es alto.
Brian, encargado de la recepción, recuerda que si un paquete se pierde y es culpa del local, el dinero sale de su bolsillo: "Tuvimos un pequeño incidente de un mayor costo y sí tocó pagarlo de nuestro propio bolsillo". Con márgenes tan estrechos, un solo error puede borrar la rentabilidad de varios meses de trabajo.
¿Merece la pena el esfuerzo?
Entonces, ¿por qué seguir? La respuesta corta es el tráfico. En el comercio físico en el que una persona cruza la puerta, es una oportunidad que ninguna campaña de marketing garantiza. Antonio reconoce que para un negocio que empieza puede ser una buena idea para "hacerse conocer y captar clientela", pero tiene claro que no es un medio de vida por sí solo: "Vivir generalmente de paquetería no te da para vivir".
Al final del día, el supermercado de Antonio sigue lleno de cajas y vecinos que buscan su pedido. Es la cara B de la comodidad del e-commerce: un negocio de volumen extremo y márgenes diminutos donde el beneficio real no está en la etiqueta del paquete, sino en la confianza del barrio. Si volviera atrás, Antonio es tajante: "No, la verdad que no" lo volvería a montar.

