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Un agricultor de 83 años rechaza 13 millones de euros para salvar sus tierras de la instalación de un centro de datos de Inteligencia Artificial

El granjero ha vendido los derechos de explotación a una organización de conservación de la naturaleza para impedir que el suelo pueda ser urbanizable.

agricultor anciano
Un agricultor de 83 años rechaza 13 millones de euros para salvar sus tierras |Envato
Fernando García Ferrer
Fecha de actualización:
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Mervin Raudabaugh, un agricultor de 86 años del condado de Cumberland, en el Estado de Pensilvania, se ha convertido en el símbolo de la resistencia rural frente al avance de la tecnología en Estados Unidos. Raudabaugh ha rechazado una oferta de 15 millones de dólares (unos 13 millones de euros) de un grupo de promotores inmobiliarios que pretendían transformar sus campos en un centro de datos, conocido técnicamente como datacenter.

En lugar de aceptar ese dinero, el granjero ha optado por vender los derechos de desarrollo de sus 105 acres (unas 42 hectáreas) a una organización dedicada a proteger el suelo agrícola por 1,9 millones de dólares, garantizando así que el suelo siga usandose para la agricultura para siempre.

Los promotores le ofrecían 60.000 dólares por acre, un precio muy superior al valor agrícola habitual, con el objetivo de instalar allí servidores de inteligencia artificial y almacenamiento en la nube. “Simplemente no quería que mis dos granjas fueran destruidas. Eso es lo esencial”, declaró el agricultor a FOX43 News tras formalizar el acuerdo con Lancaster Farmland Trust.

Un conflicto entre tecnología y agricultura

Este caso refleja un problema cada vez más habitual en el noreste de Estados Unidos por el conflicto de intereses entre la nueva economía digital y la preservación de la seguridad alimentaria. Estados como Pensilvania, tradicionalmente agrícolas, se enfrentan a la llegada masiva de infraestructuras tecnológicas que amenazan los suelos de ‘Clase 1’, considerados los más fértiles del país.

Esta presión inmobiliaria está generando un debate social y político, ya que mientras algunos sectores defienden que estos proyectos crean empleo y aumentan los ingresos fiscales, otros denuncian maniobras de presión sobre los cargos públicos encargados de la organización del territorio.

De hecho, un propietario de un campo de golf cercano, llamado Jeff Austin, también ha rechazado ofertas similares. Raudabaugh teme que muchos agricultores no puedan hacer lo mismo y pierdan sus explotaciones familiares, ya que el encarecimiento del suelo y la maquinaria están provocando la desaparición de la pequeña agricultura en favor de las industrias.

Cómo protegió legalmente su tierra

El mecanismo utilizado por Raudabaugh no es una donación, sino una herramienta legal específica de la administración estadounidense conocida como venta de derechos de desarrollo. Al recibir esos 1,9 millones de dólares, el propietario renuncia a que la tierra pueda urbanizarse en el futuro, es decir, queda blindada por ley para la siembra.

Desde el punto de vista económico, esta decisión significa que el agricultor renuncia a ganar mucho más dinero con sus tierras para proteger algo que considera más importante: el paisaje, la tradición agrícola y el legado familiar. Las acciones como las de Lancaster Farmaland Trust, ayudan a mantener la calidad de vida de la comunidad local, evitando que el entorno rural se transforme en zonas industriales.