En la carretera, la soledad y el peligro van de la mano. Lo sabe bien Felipe, camionero autónomo desde hace más de tres décadas. Su historia resume lo mejor y lo peor del transporte por carretera: el sacrificio y los riesgos que conlleva un trabajo tan esencial para España.
“Llevo mucho tiempo en el transporte. Soy un pequeño transportista y me he dedicado a esto porque siempre me ha gustado, desde niño”, cuenta a Rutas de éxito. Empezó con 21 años, después de probar de todo: transporte escolar, de viajeros, internacional y local.
Hoy se siente cómodo en el transporte portuario, un segmento que le permite conciliar y tener una vida más estable. “Es un trabajo que me permite conciliar, y eso es algo muy importante hoy en día”, detalla el hombre.
Un camino cada vez más difícil
Felipe recuerda que antes, pasar de conductor a autónomo era mucho más sencillo. “Ahora es difícil por los requisitos que te piden. Antes no había la regulación de descansos que hay ahora”, explica.
Los límites de conducción los marca el tacógrafo, un dispositivo instalado en cada camión que registra las horas al volante, las pausas y la velocidad, un control pensado para evitar accidentes y el exceso de jornada.

Pero esa normativa, aunque necesaria, también tiene una cara totalmente contraria: “No puedes dejar a un tío tirado a una hora de su casa un viernes por la noche porque ha llegado a las 10 horas de conducción. Humaniza un poco más esto porque somos humanos, no robots”, pide Felipe, que ha visto de todo en las carreteras de Europa.
“Un día me drogaron”
Pero no todo es mil sobre hojuelas. “Empecé haciendo viajes internacionales, para Sony. Eran televisores, algo muy jugoso para los ladrones”, recuerda. Pero una noche ocurrió algo que jamás olvidará: “Un día me durmieron; me echaron un gas por la puerta del camión y me drogaron. Me despertaron los gendarmes, que ya iban a reventar la puerta porque no me despertaba”.
Historias como la suya no son casos aislados. En los últimos años, varias asociaciones del sector han alertado del aumento de robos y agresiones a transportistas en áreas de descanso.
Según datos del Parlamento Europeo, cada año se registran más de 8.000 incidentes de este tipo, la mayoría en Francia, Alemania y España.