La jubilación suele plantearse como la meta final tras décadas de esfuerzo, el momento de disfrutar del descanso merecido y la estabilidad económica. Sin embargo, la vida puede dar giros inesperados que dinamitan esa planificación financiera. Enfermedades imprevistas y sistemas de salud privados pueden obligar a muchos mayores a volver al mercado laboral o buscar fuentes de ingresos alternativas cuando ya deberían estar retirados.
Este es el caso de Jeff Mason, un estadounidense de 76 años que, tras una vida de trabajo en la construcción y la gestión de proyectos, se ha visto obligado a reinventarse como conductor de Uber en Nueva Jersey. Su historia no es solo la de un jubilado que busca actividad, sino la crónica de una recuperación económica tras una devastadora crisis familiar.
Mason conduce para la plataforma de transporte para complementar sus ingresos y mantener su estilo de vida, después de que el cáncer de su esposa arrasara con el patrimonio familiar años atrás. "Decidimos que íbamos a liquidar. Retiramos nuestra cuenta IRA (plan de pensiones), vendimos nuestro coche, rehipotecamos la casa y vaciamos nuestros ahorros", relata Mason en una entrevista para Business Insider.
“Las facturas sumaron unos 300.000 dólares”
El origen de su situación se remonta a antes de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (Obamacare) en Estados Unidos. Su esposa fue diagnosticada de cáncer y la aseguradora denegó la cobertura alegando condiciones preexistentes, a pesar de que la familia había estado pagando sus primas. El resultado fue una deuda hospitalaria inasumible.
"Recuerdo haber recibido una factura cercana a los 246.000 dólares del hospital (...) Al final, las facturas sumaron unos 300.000 dólares (254.075 euros)", explica Jeff. La pareja tardó 13 años en pagar la segunda hipoteca y tuvo que vivir de forma extremadamente austera para sobrevivir. "Vivíamos muy austeramente. No gastábamos nada de dinero. Mi esposa no iba a la peluquería ni compraba maquillaje", recuerda sobre aquellos años de sacrificio.
Aunque lograron recuperarse parcialmente antes de su jubilación oficial, la sensación de fragilidad económica y el deseo de mantener cierto nivel de vida llevaron a Jeff a ponerse al volante. A pesar de sus propios problemas de salud, tiene cáncer de próstata, un marcapasos y medio pulmón extirpado, su resistencia es notable. "Empecé a conducir para Uber para mantener el estilo de vida que teníamos (...) La ansiedad por el dinero comenzó a desaparecer", confiesa.
La 'Gig Economy' como refugio para los mayores
A diferencia de lo que ocurre en España, donde el sistema público de salud protege a los ciudadanos de quiebras por motivos médicos, en otros países la enfermedad puede suponer la ruina financiera. No obstante, el caso de Mason refleja una tendencia global: el uso de la economía de plataformas o bajo demanda, conocidas como ‘Gig Economy’ como es el caso de Uber, por parte de los mayores de 65 años para complementar sus pensiones.
Jeff suele trabajar noches y fines de semana, y aunque su objetivo inicial eran 100 dólares (84,69 euros) al día, afirma que "algunas semanas ahora, puedo ganar muy por encima de los 600 dólares (508,15 euros)". Para él, conducir también supone un refugio mental: "Encuentro que conducir de noche es relajante, y me gusta la soledad de ello".
En España, la normativa actual fomenta la prolongación de la vida laboral a través de mecanismos como la jubilación activa, que permite compatibilizar el cobro del 50% de la pensión (o el 100% si se es autónomo con al menos un empleado) con un trabajo por cuenta propia o ajena.
Historias como la de Jeff Mason ponen de relieve la vulnerabilidad económica en la tercera edad y cómo, ya sea por necesidad imperiosa o por mantener la autosuficiencia, muchos jubilados deciden que, mientras el cuerpo aguante, seguirán trabajando. Como dice el propio Mason pensando en el futuro: "No sé cuánto tiempo más podré seguir conduciendo", pero de momento, sigue en la carretera.