Son muchas las personas que sobreviven gracias a ayudas estatales que les permiten cubrir lo básico: vivienda, comida o medicinas. Estas ayudas son, para muchas familias, el último colchón antes de caer en la pobreza severa. Sin embargo, en algunos contextos los Gobiernos recortan estas ayudas, como es en caso de Finlandia, algo que agrava la situación en la que se encuentran estas personas. Entre ellas se encuentra Laura, de 46 años, que pasa su día a día con un presupuesto diario de 0 euros, una situación en la que cada jornada es una lucha por cubrir lo más básico.
La historia de Laura se dio a conocer a través del medio local Seura, en el que describe con crudeza y honestidad las dificultades de vivir con ingresos mínimos. Desde enero de 2024, Laura ha enviado más de un centenar de solicitudes de empleo a distintas empresas y organizaciones en su área. A pesar del volumen de solicitudes, las respuestas suelen ser repetitivas, muchas candidaturas y pocas vacantes disponibles. La alta competencia hace que incluso las oportunidades existentes resulten inalcanzables para quienes no cuentan con herramientas profesionales adecuadas.
Aunque Laura es diseñadora gráfica, le resulta prácticamente imposible ejercer en este campo porque no dispone de un ordenador potente ni de licencias de software necesarias para trabajar profesionalmente. Esta barrera tecnológica la deja fuera de un mercado laboral que cada vez exige más competencias digitales, y la condena a depender de trabajos menos cualificados o de empleos temporales mal remunerados, que a menudo no compensan ni el coste de desplazamiento.
Los recortes en las ayudas agravan la pobreza
Una de las razones que explica la situación de Laura y de miles de otros finlandeses es una reforma de las prestaciones por desempleo introducida en 2024. Previo a este cambio, quienes estaban desempleados podían ganar hasta 300 euros al mes sin que sus prestaciones se redujeran. Esa medida ofrecía un pequeño margen de maniobra que permitía aceptar trabajos temporales sin perder por completo sus ingresos de apoyo.
Con los por cada euro ganado, la prestación se reduce en 50 céntimos. Este ajuste, teóricamente pensado para incentivar la aceptación de empleo, ha tenido efectos opuestos para muchas personas, porque hace que aceptar trabajos parciales sea poco rentable y que la transición hacia un empleo a tiempo completo, resulte aún más difícil.
Además, la reforma ha provocado retrasos en los pagos de prestaciones, lo que ha obligado a Laura, en varias ocasiones, a pedir dinero prestado para pagar el alquiler o a recurrir a la asistencia social para cubrir gastos básicos cuando las prestaciones no llegaban a tiempo.
Una espiral de deudas y dificultades cotidianas
La vida de Laura parecía tomar un rumbo más estable a finales del 2023, cuando consiguió un empleo a tiempo completo y se permitió, por primera vez en mucho tiempo, comprar una cama nueva a plazos. Pero esa estabilidad fue efímera, en enero de 2024 fue despedida durante su período de prueba, pese a que el trabajo parecía seguro. Ese despido marcó el comienzo de una espiral que la devolvió a la precariedad.
Mientras esperaba durante dos meses la resolución de su solicitud de prestación relacionada con los ingresos, sobrevivió con su último sueldo. Cuando finalmente llegó la decisión, tuvo que solicitar ayuda social para febrero y marzo para poder comer y pagar gastos básicos. Durante ese periodo, recurrir a conocidos para pedir dinero prestado y recibir comida de personas cercanas se convirtió en una parte habitual de su día a día.
Actualmente, recibe un total de 1.272 euros al mes, entre prestaciones relacionadas con ingresos y ayuda para la vivienda. Pero tras pagar el alquiler, las facturas habituales, le quedan menos de 300 euros para todo lo demás. Esto convierte cualquier gasto extraordinario en una crisis potencial.
Sobrevivir con lo mínimo afecta a la alimentación y salud
La alimentación de Laura suele depender de lo que consigue en el banco de alimentos de Nekala, donde recibe productos básicos como albóndigas, huevos cocidos, verdura y otros artículos donados. La competencia por estos suministros es alta, y a menudo no hay suficiente para todos los que hacen la fila.
Además, Laura ha tenido que aprender a sobrevivir extremadamente limitados. Especias, lentejas secas o cereales forman una parte importante de su dieta cuando el dinero escasea. En su diario personal, publicado en el medio, recoge momentos tan difíciles como cuando después de comprar productos con descuentos con etiqueta roja, padeció una intoxicación alimentaria que la dejó vomitando durante dos días.
Extracto del diario de Laura
“También me las arreglo con ingredientes del armario seco y busco ofertas, incluyendo productos con etiqueta roja. Son cuestionables porque la semana pasada me intoxiqué y vomité durante dos días. La intoxicación se debió a alimentos de la línea de alimentos o de etiqueta roja.”
Esta experiencia no es un incidente aislado, según explica, sino parte de las consecuencias de tener que depender de alimentos a punto de caducar, cuya calidad y frescura puede en ocasiones ser cuestionable.
Los gastos de salud también son una carga constante, ya que padece endometriosis y necesita medicación. Algunos de los medicamentos que tiene que usar no están cubiertos por el sistema público, lo que la obliga, si no tiene dinero para comprarlos, a sufrir dolores intensos o posponer tratamientos necesarios por falta de recursos económicos.
Intenta divertirse pese a sus problemas económicos
A pesar de las dificultades, intenta encontrar buenos momentos dentro de su rutina diaria, y asegura hay muchas alternativas gratis con las que puede evadirse, como leer libros gratis de la biblioteca, explorar la naturaleza y aprender sobre especies de hongos silvestres.
Gastar en ocio para ella supone un gran dilema, incluso cuando su pareja le regaló entradas para un concierto, se preguntó a sí misma “¿tengo derecho a tanta alegría por estar desempleada?”, una duda que refleja la compleja relación entre la pobreza, la dignidad y el disfrute de la vida.
No obstante, hay inversiones que considera necesarias para cuidar su salud mental y a las que no está dispuesta a renunciar, como su suscripción a Spotify, que considera esencial para su estabilidad emocional. También toca la guitarra, aprende nuevas melodías y participa en las actividades de sus amigos, como montar exposiciones de arte. Mantenerse activa entrenando en un gimnasio local, la ayuda a enfrentar la incertidumbre y la soledad.