Un jubilado de 54 años cuenta la verdad sobre jubilarse anticipadamente: “Durante el primer mes caminaba con una sonrisa tonta en la cara. Ahora puedo diseñar mi vida como quiera, cuando quiera”

Darren explica la sensación de libertad tras dejar el trabajo y define su nueva etapa como “surrealista”.

Un jubilado de 54 años cuenta la verdad sobre jubilarse anticipadamente: |YouTube
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La jubilación suele relacionarse con una edad concreta fijada por ley y con una pensión tras años de trabajo, pero para quienes logran retirarse antes de los 60, la experiencia tiene más que ver con una decisión personal que con un calendario oficial. Es el caso de Darren, un profesional estadounidense que dejó su trabajo a los 54 años tras tres décadas de carrera y que ha contado en el canal de YouTube de James Conole cómo vivió sus primeras semanas sin empleo.

Ocho meses después de dar el paso, explica que todo le parece “surrealista”. No tanto por la felicidad que siente, sino por la dificultad de asimilar que después de tantos años había cumplido su objetivo económico, que le ha permitido dejar de trabajar y cambiar su vida por completo.  “Durante décadas la jubilación fue solo un número”, explica en la entrevista.

Ese número, conseguido tras años de ahorro y planificación, era la cifra que se había fijado para poder dejar de trabajar con tranquilidad. Cuando por fin la alcanzó y, además, terminó de pagar la hipoteca, supo que ya podía hacerlo. Sin embargo, no se marchó de inmediato. Prefirió esperar cuatro años más, hasta que una reorganización en su empresa le dio la oportunidad de irse en un momento que consideraba adecuado y que no causara problemas a su equipo.

Así fue su primer lunes sin trabajo

Al margen de los números y los planes financieros, el momento decisivo fue mucho más sencillo. Darren recuerda que siempre que caminaba hacia el trabajo en un día soleado pensaba lo mismo: “Solo quiero seguir caminando. Quiero pasar el día explorando”, y eso fue exactamente lo que hizo. “En esa primera semana caminé muchísimo”, relata.

El cambio no estaba en el fin de semana, ya que “los fines de semana siempre han estado ahí”, sino en poder salir a caminar un martes o un miércoles por la tarde sin preocuparse por mirar el reloj por si se le hacía tarde. “Durante el primer mes caminaba con una sonrisa tonta en la cara. No podía creer que esto fuera básicamente lo que iba a hacer ahora”.

Aunque parezca algo simple, Darren celebra tener tiempo para sí mismo. “Si quiero, puedo salir a caminar, ir a cualquier sitio, hacer cualquier cosa”, afirma. Una sensación que también comparten otros jubilados anticipadamente que destacan el valor del tiempo recuperado.

El momento en que las cuentas cuadraron

Darren trabajó durante 30 años y, según explica, siempre consideró sus inversiones como un dinero que no se tocaba. Solo ingresaba más y más, pero nunca sacaba nada. Para él era simplemente una cifra que iba creciendo con el tiempo. Por eso, cuando alcanzó el objetivo que había fijado junto a su asesor financiero, la sensación fue extraña. “Era algo muy abstracto. Y un día ese número te dice que ya no necesitas trabajar más”, relata. 

A esa sensación de seguridad se sumó el hecho de haber terminado de pagar la hipoteca, algo que describe como “un gran peso” que desapareció. No quería empezar esta nueva etapa con una deuda mensual importante y, cuando la liquidó, sintió que ya había cumplido su último objetivo económico.

Aunque dejó de trabajar a los 54 años, tenía claro que no quería seguir más allá de los 55 en ningún caso. “En algún momento tienes que parar. No sabes cuánto tiempo vas a tener salud”, reflexiona. Para él, continuar trabajando solo por costumbre, cuando ya no lo necesitaba desde el punto de vista económico, no tenía sentido.

Una rutina sin oficina

Ocho meses después, su rutina es parecida a la de las primeras semanas. Suele hacer ejercicio por la mañana, dedicar tiempo a proyectos personales en el ordenador, salir a caminar por la tarde y, a veces, ir al cine entre semana. “Mi trabajo ahora es estar lo más sano posible”, explica.

Reconoce que la mayoría de sus amigos todavía trabajan, por lo que sus semanas son distintas a las de antes. De lunes a viernes suele pasar más tiempo solo, aunque dice que no le supone un problema. “Estoy bien con mis pensamientos”, comenta.

También asegura que no echa de menos la oficina. Le gustaba su trabajo y sus compañeros, y de hecho vuelve una vez al mes para verlos, pero no siente nostalgia por la rutina diaria tanto como pensaba antes de dejarlo.

“No me gusta llamarlo jubilación”

Uno de los aspectos más llamativos de su testimonio es que no le gusta la palabra “jubilación”. Prefiere decir que ha “dejado de trabajar” o que se ha “tomado un año”. De hecho, cuando lo comunicó en su empresa, explicó que se iba a dar un año sabático, sin cerrar la puerta a volver más adelante. No descarta trabajar otra vez en el futuro, quizá a tiempo parcial o en proyectos puntuales. Pensar así le ayudó a vivir la decisión con menos presión, según explica.

A quienes están en su misma situación económica pero dudan, les recomienda tener bien claras las cuentas y, si realmente no necesitan seguir trabajando, plantearse dar el paso. “Si puedes hacerlo, te lo debes a ti mismo”, afirma.

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