Jorge, ganadero con 80 vacas: "Puedes facturar entre 35.000€ en terneros, pero tengo gastos que vamos soportando con las ayudas"

A pesar de la alta facturación, el ganadero está convencido de que los altos costes y la burocracia diluyen su beneficio. Otros incentivos, como las ayudas de la PAC, permiten que su explotación en el Pirineo sobreviva.

Jorge, ganadero con 80 vacas: "Puedes facturar entre 35.000€ en terneros, pero tengo gastos que vamos soportando con las ayudas" |Youtube|@Elparocreavagos
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Jorge vive del vacuno de carne en el Valle de Hecho, en pleno Pirineo, con 80 vacas y una explotación familiar que resiste a base de trabajo, monte y PAC. “Puedes facturar entre 30 a 35.000 € en terneros al año”, explica a El paro crea vagos; pero enseguida añade la otra cara: “tengo gastos que vamos soportando con las ayudas”. 

En su caso, la rentabilidad no llega por vender terneros, sino por encajar precios, costes y subvenciones en una actividad que no para ni un día. Y es que la historia de Jorge llega en un momento clave para el sector. 

España cuenta en 2026 con unas 165.000 explotaciones ganaderas activas, de las que cerca de 80.000 son de vacuno de carne, un tejido muy repartido y cada vez más presionado por la falta de relevo generacional y por los cierres de pequeñas granjas. 

A eso se suma un mercado exterior muy dinámico: solo en 2025 las exportaciones de vacuno a Marruecos crecieron alrededor de un 25%, con más de 5.000 toneladas, después de que Rabat autorizara la importación de carne fresca desde España.

Marruecos tira del mercado

Ese tirón exterior explica parte del momento que vive el precio del ternero. Jorge lo cuenta en la entrevista: “Se ha doblado”, dice sobre el valor de sus animales, aunque enseguida matiza que la carne española “se exporta” casi siempre y que “aquí se queda muy poco”.

En la práctica, una explotación como la suya puede mover entre 30.000 y 35.000 euros al año en ventas de terneros, pero esa cifra no equivale ni mucho menos al beneficio final.

El contexto del mercado también ayuda a entender su discurso. La carne de vacuno ha alcanzado precios históricos en origen, por encima de 6,50 euros el kilo, mientras que el consumo en los hogares españoles sigue en mínimos, alrededor de 4 kilos por persona y año

Es la gran paradoja del sector: España exporta carne premium por más de 1.400 millones de euros, pero parte de la demanda interna se cubre con producto de menor coste procedente de otros países europeos.

“La burocracia es el mayor peligro”

A Jorge le preocupa más la oficina que el monte. “La burocracia, ese es el mayor peligro”, repite, convencido de que la Administración ha convertido el día a día del ganadero en un laberinto de papeles, guías y registros. 

En 2026, además de la PAC 2023-2027, la explotación debe lidiar con la ayuda asociada a la vaca nodriza, unos 80 a 90 euros por animal, ecorregímenes (ayudas económicas voluntarias que remuneran a ganaderos por implementar prácticas sostenibles), ayuda redistributiva y, por supuesto, el Cuaderno Digital Ganadero.

Con 80 vacas, las ayudas pueden oscilar entre 12.000 y 18.000 euros anuales, una cantidad que, Jorge asegura, “vamos soportando los gastos que lleva la explotación durante el año entero”. Y esos gastos no son pequeños: pienso, forraje, veterinario, gasóleo, seguros, transporte y averías que llegan siempre en mal momento.

“Yo me moriría en una ciudad”

El ganadero defiende una forma de producir que, además de carne, mantiene el paisaje. “Estas se están comiendo el monte”, explica al enseñar cómo el pastoreo extensivo limpia el terreno y ayuda a frenar incendios. 

Su padre, ganadero veterano, lo resume con otra frase muy de campo: “Si yo tuviese que hacer todo lo que haces ahora tú de papeleo…”. Para la familia, el problema no es solo económico; es también generacional. Quien hereda una explotación así hereda turnos interminables, clima, plagas y un calendario que no entiende de fines de semana.

Jorge lo ha mamado desde pequeño y no ve otra vida fuera del valle. “Yo me moriría” en una ciudad, reconoce. Y aunque insiste en que respeta a los veganos, también pide respeto para quienes viven del ganado. “Que ellos también respeten nuestra forma de vida y nuestro trabajo”, dice. En una España donde el campo envejece y las explotaciones cierran cada año entre un 2% y un 3%, su mensaje es una voz de alarma hacia este oficio.

Un país que exporta lo mejor

La imagen final que deja Jorge es bastante clara: España produce carne de mucha calidad, pero una parte importante sale fuera, mientras aquí se aprieta al productor y se discute sobre si el campo es rentable o no. 

Él cree que primero habría que consumir lo que se cría aquí y, si sobra, venderlo fuera. “Sería lo lógico”, resume. Y quizá ahí esté la clave de toda la historia: el vacuno español funciona en el exterior, pero dentro del país sigue dependiendo de ayudas para no perder el equilibrio.

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