Andrés ha pasado más de medio siglo entre fogones, cazuelas y comandas. A sus 71 años, y tras haber colgado el delantal, se encuentra en una situación que lo ha descolocado por completo: sus antiguos jefes le suplican que vuelva porque no hay manos expertas como las suyas.
Andrés ama su oficio, quiere ayudar, pero se ha topado con un muro burocrático que le indigna. A pesar de llevar toda una vida de esfuerzo, si decide dar el paso y regresar a los fogones, el Estado le "castiga" recortando su pensión. "Lo que no voy a consentir es que a mí se me quite media paga", sentencia en Y ahora Sonsoles.
Las pensiones en España
En España, el gasto en pensiones ha escalado hasta los 12.563,84 millones de euros, lo que supone ya un 12% del PIB anual. De estas cifras, las jubilaciones son las que se llevan la mayor parte, con un desembolso de casi 10.000 millones.
Ante este escenario de gasto récord, el Gobierno ha puesto sobre la mesa la llamada "jubilación reversible", una propuesta legislativa para incentivar que los mayores vuelvan al mercado laboral de forma flexible. El objetivo es tener más gente cotizando y menos gente cobrando la prestación completa al mismo tiempo.
“Me necesitan en el oficio más que yo a ellos”
Esta jubilación reversible es, en la práctica, una manera de invitar a los séniors a retrasar su descanso definitivo. A cambio de volver a trabajar, el sistema permite cobrar una parte de la pensión, pero aquí es donde surge el conflicto de opiniones.
Para muchos, es una oportunidad de sentirse útiles; para otros, como Andrés, es un recorte encubierto. Él mismo lo explicaba en el programa de Antena 3: "Más bien que yo quiera volver, quieren que yo vuelva al trabajo. Me necesitan en el oficio más que yo".
El problema es que, al informarse, descubrió que su generosidad laboral tenía un precio demasiado alto en su nómina de pensionista.
49 años con una ‘hucha’ vacía
Andrés no es un recién llegado. Sus cifras demuestran una ética de trabajo de otra época. "Tengo una hucha de 49 años y medio trabajando y cotizando", dice orgulloso.
Su andadura empezó casi siendo un niño, en febrero de 1969, cuando aún le faltaban cuatro meses para cumplir los 15 años. Hoy, con una paga de 1.251 euros, no entiende por qué su derecho adquirido se pone en duda si decide seguir activo. "Me dan permiso para trabajar media jornada y me quitan media paga", lamenta el cocinero.
Y es que él no pide dejar de pagar impuestos por su nuevo salario, sino que no se toque lo que ya es suyo por derecho. "¿Por qué a mí no se me respeta mi paga? ¿Por qué no se me deja que trabaje?", se pregunta. Su propuesta es trabajar, que su empresa cotice por él para ayudar a las nuevas generaciones, pero que su pensión se mantenga intacta.