Una joven no se corta al hablar del mundo corporativo: “mucha gente está en la oficina 40 horas pero realmente trabaja 15, el resto lo pasa haciendo documentos que nadie va a leer o calentando silla. Compran nuestro tiempo”

La joven apunta que los jóvenes han desligado su identidad del trabajo y que el mundo corporativo intenta imponer los valores de empresa por los personales, además de estar rodeado de toda una ‘performance’.

Lena Ruiz, en uno de sus vídeos de Instagram |Instagram (@lennaruiz)
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Hace unos años, el mundo corporativo se presentaba como la ‘gran meta’, el símbolo de haber “triunfado”. Sin embargo, esa visión ha empezado a resquebrajarse con las nuevas generaciones. Cada vez más jóvenes cuestionan este modelo y lo perciben no como un ideal, sino como una forma de esclavitud moderna, marcada por largas jornadas, presión constante y una cultura laboral que, lejos de tener sentido, parece girar en torno a dinámicas que consideran vacías o desconectadas de la vida real.

Así lo percibe Lena Ruiz, una joven que ha generado debate en sus redes sociales lanzando preguntas cómo si estas grandes copañías pagan por nuestro trabajo o realmente compran nuestro tiempo o por qué el mundo corporativo “se está convirtiendo en la pesadilla de toda una generación”. Entre las respuestas, asegura que había una que se repetía “muchísimo”, que es “el rechazo a pasar 8 horas al día durante el resto de tu vida delante de una pantalla”.

“Lo que hasta ahora se ha considerado como lo normal en un trabajo, se está empezando a ver como una especie de esclavitud moderna, porque, ¿de verdad alguien puede ser productivo 8 horas seguidas cada día, cinco días a la semana?”. En este contexto, haba de la utopía de Keynes, quien predijo que gracias a los avances tecnológicos, para finales del siglo XX la sociedad se habría librado de muchísima carga de trabajo y podría pasar a trabajar 15 horas semanales.

“Pasó todo lo contrario”, explica la joven, indicando que el motivo fue “el auge de los trabajos de oficina” y que “empezaron a crearse cargos corporativos de gestión de cosas, como si una población con tiempo libre para pensar, crear o simplemente vivir fuera un peligro.”. 

“Nos sentimos juzgados por querer tener más tiempo libre, porque aún reina esta idea de que el trabajo dignifica”

Enlazando a la idea anterior, Lena Ruiz explica que, actualmente, “nos encontramos en la situación de que muchísima gente está en la oficina 40 o incluso 50 horas a la semana, pero realmente trabaja una 15 horas, como predijo Keynes. El resto del tiempo la pasamos haciendo documentos que nadie va a leer, calentando silla o haciendo cosas de ‘corporate bot’. Y aquí es donde sentimos que realmente compran nuestro tiempo, que estamos trabajando el 80% de nuestro día y el 20% restante lo tenemos que dedicar a ir y volver de trabajo”.

Bajo este sistema, la joven agrega que la mayoría de personas se siente juzgado por priorizar su bienestar, todo aquello que pasa fuera de la oficina: “nos sentimos juzgados por querer tener más tiempo libre, porque aún reina esta idea de que el trabajo dignifica y de que alguien que no está feliz de someterse a una intensa disciplina laboral durante la mayor parte de su vida es poco profesional”.

Los trabajadores, cansados de la “performance”

Lena Ruiz, a través de distintos vídeos publicados en su cuenta de Instagram (@lennaruiz) sigue abordando la recepción que está teniendo el mundo corporativo en las generaciones más jovenes, asegurando que todos están “un poco cansados de la performance que hay que hacer para trabajar en una gran corporación”.

Sobre el por qué está ocurriendo ahora y no antes, la joven apunta a que, en la generación anterior, la de los “padres”, la identidad estaba muy ligada al rol profesional: “Mis logros profesionales hacían sentirme mejor conmigo mismo y tener más autoestima. El yo personal y el yo trabajador estaban absolutamente fusionados”. En cambio, los jóvenes están separando estos conceptos, y lo que les hace sentir mejor es todo lo que hacen fuera del trabajo. “Leer, emprender, tener nuestra familia, pasar tiempo con ellos, tener hobbies. Esas son las cosas que forman nuestro yo personal, que es el único que contemplamos como válido”. Al desligar la identidad del puesto de trabajo, desaparece esa obsesión por ascender. 

“Los discursos que tienen esas empresas tan grandes de que somos una familia, de los valores de la empresa, de intentar generar comunidad, realmente generan más rechazo porque están intentando sustituir nuestros valores personales por los valores de la empresa”, manifiesta.

En otro de sus vídeos, también apunta a la “perfomance” que se crea en las grandes corporaciones “creo que lo que quema a las personas ambiciosas que trabajan en el mundo corporativo no es la alta carga de trabajo, es lo absurdo y lo político que conlleva tener estos trabajos”. En este sentido, apunta de nuevo al gran número de reuniones que se celebran y quedan en papel mojado, o los documentos que hay que elaborar y que realmente no sirven para nada: “realmente lo estás haciendo porque es como una función que tiene que ver con la performance que tú tienes que hacer para hacer ver qué trabajas”, concluye.

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