En los últimos años, trabajar en el extranjero se ha convertido en una opción cada vez más valorada por muchos españoles, especialmente ante las diferencias salariales y las oportunidades laborales que ofrecen algunos países europeos.
Entre esos destinos destaca Suiza, una de las economías más prósperas del continente y con una demanda constante de profesionales. Sin embargo, pese a su atractivo, el acceso al mercado laboral suizo está condicionado por una serie de requisitos administrativos, lingüísticos y económicos que conviene conocer antes de iniciar el proceso.
En este caso, los españoles, como miembros de la Unión Europea, se benefician del régimen de libre circulación de personas pactado entre Berna y Bruselas, por lo que no se les aplica el límite de 8.500 visados que sí está en funcionamiento para ciudadanos no pertenecientes a la UE o a la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), como es el caso de los latinoamericanos, según apuntan en ‘El Español’.
Trabas para vivir y trabajar en Suiza
Sin embargo, esto no quiere decir que no existan otro tipo de trabas, como las burocráticas, las económicas o las lingüísticas. Los ciudadanos comunitarios pueden entrar en el país sin necesidad de autorización previa, pero si la estancia supera los tres meses o el contrato de trabajo tiene una duración mayor, deben solicitar un permiso de residencia y trabajo en el municipio donde vayan a vivir. Así, para completar ese trámite suele ser imprescindible contar previamente con un contrato firmado y una dirección de residencia.
El idioma constituye otra de las barreras más habituales. Suiza tiene cuatro lenguas oficiales (alemán, francés, italiano y romanche), aunque las tres primeras son las más comunes en el entorno laboral, pero dependiendo del sector, las empresas pueden exigir un nivel elevado de la lengua local. El inglés puede resultar útil en ámbitos internacionales o tecnológicos, pero en muchos puestos no es suficiente.
A estas dificultades se suma el alto coste de vida, uno de los más elevados del mundo. La vivienda, la alimentación y el transporte suponen un gasto considerablemente mayor que en España, lo que obliga a evaluar la viabilidad económica de mudarse a este país.
En determinadas profesiones también es necesario homologar los títulos académicos para poder trabajar. Esto ocurre, por ejemplo, en sectores como la sanidad, la enseñanza o algunas ramas de la ingeniería, donde las autoridades suizas exigen el reconocimiento oficial de la formación obtenida en el extranjero.
Otro aspecto imprescindible es el seguro médico privado, obligatorio para quienes residen en el país. Aunque no es necesario contratarlo inmediatamente al llegar, la normativa establece un plazo máximo de tres meses para formalizarlo, y su precio puede oscilar entre 320 y 640 euros al mes, dependiendo de la aseguradora y el nivel de cobertura elegido.
Por ello, aunque Suiza ofrece oportunidades laborales atractivas para profesionales extranjeros, el proceso de instalación requiere planificación y conocimiento de las exigencias administrativas y económicas.