La miel española es uno de los productos más reconocidos por su calidad, sabor y pureza. España es el primer productor de miel de la Unión Europea y uno de los diez primeros del mundo, con unas 30.000 toneladas anuales, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).
Sin embargo, detrás de este producto tan valorado se esconde una realidad que muchas veces pasa desapercibida: la falta de relevo generacional, bajos salarios para los trabajadores y un sector que lucha por sobrevivir constantemente.
Miguel es dueño de Río de la Miel, una empresa que tiene más de 30 años en el sector; tiempo del que han mantenido la idea principal: “Hacer un producto totalmente diferente a los demás”, tal y como explica el empresario en las redes sociales de la empresa.
“Sabemos la miel que producimos y conocemos toda las clases de mieles. Tenemos varios reconocimientos: 2017, 2018, 2019…hasta 2025 hemos tenido hasta premios mundiales”, reconoce.
“No quiero que mis hijos tengan colmenas”
En sus instalaciones, de más de 2.000 metros cuadrados, Miguel y su equipo trabajan con líneas de envasado modernos, depósitos y maquinaria de última generación. “Se podría decir que pasa del millón o millón y medio de euros lo que hemos invertido”, admite. Pero, pese a ese esfuerzo, el futuro del sector no pinta nada bien.
“No quiero que mis hijos tengan colmenas, prefiero que vayan a trabajar a otro sitio porque no le veo futuro”, confiesa. Según cuenta, son muchas horas de trabajo en las que un apicultor “no llega ni a 3 euros la hora pagada” si se tiene en cuenta todas las horas que se trabaja al año.
Con precios cada vez más bajos, la subida de gastos y una competencia internacional feroz, el oficio del apicultor se ha convertido en una profesión de riesgo. “Ahora mismo es muy complicado ser apicultor. Compras tus colmenas, las pones en un monte y con todos los peligros que eso tiene… tienes tu capital en el campo y te tienes que arriesgar”, detalla.
Falta relevo generacional
La falta de mano de obra cualificada es otro de los grandes problemas que enfrenta la apicultura en España. Según la Asociación Española de Apicultores, la edad media en el sector supera los 55 años, y el número de jóvenes que se incorporan cada año sigue disminuyendo.
Miguel lo vive cada vez que hacen cursos. “No hay gente cualificada. De los cursos que llevamos hecho han salido, más o menos 120 personas, y ninguno ha terminado como profesional”, explica.
Y es que la escasez de profesionales coincide con una caída de rentabilidad. Los precios que se pagaban por kilo de miel han bajado más de un 35% desde 2020, en parte por la entrada masiva de miel importada de otros países, especialmente de China y Ucrania, que se vende mucho más barata.
“No hay nadie que marque precios. Cada uno va como puede y como quiere”, confiesa en sus redes sociales. A pesar de que las abejas son esenciales, se calcula que el 75% de los cultivos dependen de su polinización. Sin embargo, el sector apícola no recibe las ayudas que necesita.
“Las ayudas del Gobierno no están bien estructuradas. Donde realmente hace falta dinero, en la apicultura no está (…) No somos nadie, somos una gota en el Océano”, denuncia Miguel. Mientras muchas colmenas desaparecen y los precios caen en picada, su empresa sigue resistiendo.