Leticia, joven azafata española: "Trabajo 13 horas al día cobrando 9 euros la hora sin contrato ni Seguridad Social”

Con una tasa de paro juvenil que ronda el 25% en España, muchos jóvenes se ven obligados a elegir entre no trabajar o aceptar empleos precarios.

Leticia Vázquez. |TikTok.
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España lidera el desempleo juvenil en la Unión Europea con una tasa en torno al 25% entre los menores de 25 años, muy por encima de la media comunitaria. Esa situación hace que muchos jóvenes acepten casi cualquier condición con tal de trabajar: contratos precarios, jornadas irregulares o directamente empleo sin alta en la Seguridad Social.

Según el Estatuto de Trabajadores, la jornada máxima no debe superar las 40 horas semanales ni las 9 horas diarias, y entre un día y otro deben haber al menos 12 horas de descanso. Pero en sectores como eventos, azafatas o promociones, la realidad es muy distinta… maratonianas jornadas de pie, pagos por hora sin pluses y ausencia de registro de jornada, pese a ser obligatorio.

“No os hacéis idea de las ganas que tengo de denunciar”

Leticia, es una joven gallega, publicista, activista y creadora de contenido, que encontró trabajo como azafata de eventos. Sin embargo, se llevó una muy mala experiencia y no dudó en contarlo a través de sus redes sociales. “Trabajé 13 horas al día como azafata y me pagaban 9 euros la hora”, relata. “Ni contrato, ni plus de horas extra, ni plus de nocturnidad y superando la jornada máxima legal… no nos dan el uniforme, no hacen el registro de jornada aún cuando es obligatorio”. 

La media salarial en trabajos de hostelería y servicios similares ronda entre los 9 y 10 euros por hora, pero con contrato y cotización a la Seguridad Social. En su caso, ni siquiera eso. “No os hacéis una idea de las ganas que tengo de denunciar”, admite la joven gallega.

Cuenta que ese día empezó a trabajar por la mañana. “Llevo trabajando desde las 11, ahora son las 16:30 horas y me han dejado salir para comer de táper, obviamente”, explica. Antes de empezar el turno, ya les habían avisado de que quizá ni siquiera podrían descansar  porque “no tenían a nadie que nos sustituyera por falta de personal”.

Largas jornadas al margen de la ley

La legislación es clara: cuando una jornada supera las seis horas, el trabajador tiene derecho a una pausa mínima, y entre jornada y jornada deben respetarse 12 horas. Lo que Leticia describe está lejos de ese margen legal.

“Mañana, a las 07:30 de la mañana empiezo otra vez y termino a las 3 de la madrugada con un parón de 4 horas”, denuncia. “Y al día siguiente vuelvo a las 07:30 a trabajar hasta las 16:30”. 

Y es que ella misma recuerda lo que dice la norma. “El Estatuto de Trabajadores dice que hay que respetar las 12 horas entre jornada y jornada, pero parece ser que no se lo han leído”, dice. A eso se suma que, tras esta jornada interminable, “la empresa aún no me dio de alta en la Seguridad Social”, exclama.

Más allá de las horas, Leticia también denuncia el control estético al que están sometidas. “Ayer por la noche mandaron un millón de mensajes de cómo teníamos que ir vestidas, peinadas y maquilladas, que no fuera como una puerta”, detalla.

Sin embargo, la empresa ni siquiera proporciona la ropa de trabajo. “No nos dan el uniforme. No, el uniforme me lo tiene que dar la empresa y si no, te aguantas con lo que tengo y punto”, sentencia la joven.

Mientras las cifras de paro juvenil siguen siendo de las más altas de Europa, muchos casos como Leticia se debaten entre dos opciones igual de duras: no trabajar o hacerlo sin derechos.

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