La inteligencia artificial amenaza al empleo, pero puede que con mayor fuerza al mercado de España. Según un estudio publicado por Coface junto al Observatorio de Empleos Amenazados y Emergentes sitúa el riesgo en tareas de oficina, análisis, redacción, gestión, finanzas, derecho o ingeniería, es decir, en trabajos asociados a estudios largos, sueldos altos y funciones consideradas estables. El informe sostiene que una de cada ocho ocupaciones va camino de una “transformación profunda” si se consolida la llamada IA agente, capaz de ejecutar flujos de trabajo completos y no solo asistir en tareas sueltas.
El problema se centra en la automatización en el núcleo de los trabajos cognitivos. Coface calcula que la exposición es especialmente alta en ingeniería y computación, donde el contenido de tareas en riesgo alcanza el 29%, y en actividades legales, financieras, creativas y de contenidos, con el 27%. En gestión y administración llega al 24%.
España queda algo por debajo de los países del noroeste europeo. El estudio la coloca en un grupo del sur de Europa con una exposición en torno al 15%, frente a cotas cercanas al 20% en economías como Reino Unido y al 21% en Luxemburgo. La razón está en la estructura del empleo. España concentra más trabajo en ventas, servicios personales, construcción, transporte y actividades intensivas en presencia física. El propio informe señala que el peso del turismo, el pequeño comercio fragmentado y los servicios locales actúa como barrera frente a la automatización.
Por otro lado, Coface señala que la presión puede sentirse antes en los escalones de entrada de las profesiones más expuestas. El informe recoge señales ya visibles en Estados Unidos y Francia, donde se han detectado menos contrataciones de perfiles jóvenes y de inicio de carrera en sectores vulnerables a la IA, mientras la remuneración de los puestos sénior resiste mejor. La primera grieta, por tanto, no aparece en la cima del mercado laboral, sino en la puerta de entrada.
La IA reduciría el empleo, las cotizaciones y aumentaría las prestaciones
Si la IA reduce peso en ocupaciones bien pagadas y traslada parte de las ganancias a las empresas que despliegan la tecnología, una parte creciente del valor añadido puede pasar del trabajo al capital. El estudio advierte de una “doble tensión fiscal” en los países que dependen en gran medida de gravar salarios y cotizaciones. La Administración recaudaría menos al mismo tiempo que tendría que asumir más gasto en prestaciones y reciclaje laboral. Además, una parte de esos beneficios puede terminar fuera, en compañías tecnológicas extranjeras que controlan los modelos, la nube, los centros de datos o los semiconductores.
Esa es la clave de este estudio. La productividad puede crecer sin que ese aumento llegue de forma automática a los trabajadores. Coface plantea que las empresas que adopten IA podrán ampliar producción y beneficios sin elevar el empleo ni los salarios al mismo ritmo. En ese escenario, la mejora tecnológica no se traduce por sí sola en más renta laboral. Puede traducirse en más margen empresarial y en una mayor concentración de ingresos en muy pocas firmas.
Si una parte de las tareas para las que hoy preparan las carreras universitarias pasa a ser automatizable, el valor laboral del título deja de estar blindado. Coface no afirma que estudiar deje de tener sentido, pero sí apunta a un cambio de criterio en las empresas. El peso del diploma puede ceder terreno ante habilidades como el juicio, la adaptación, la supervisión de sistemas de IA y la capacidad de trabajar con estas herramientas sin depender de ellas.