La IA crea más empleos que despidos en Europa, según el BCE

El Banco Central Europeo observa que las firmas que usan esta tecnología de forma intensiva tienen un 4% más de probabilidades de ampliar plantilla, aunque persisten las dudas sobre su efecto a medio plazo

Un trabajador y una inteligencia artificial |Imagen generada con Gemini
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La inteligencia artificial o IA sigue alimentando un debate que recorre despachos, universidades y mercados. La pregunta es conocida y es, si esta tecnología acabará destruyendo más empleo del que crea o si, por el contrario, abrirá una nueva fase de expansión para las empresas que la adopten antes. Por ahora y según el balance que esboza el Banco Central Europeo para la eurozona se inclina hacia la segunda hipótesis. Un análisis publicado este mes por la institución explica que las compañías que hacen un uso intensivo de la IA tienen alrededor de un 4% más de probabilidades de contratar personal adicional. En el caso de las empresas que además invierten en esta tecnología, esa mayor propensión a ampliar plantilla ronda el 2%.

El BCE apoya esa tesis en los resultados de la encuesta SAFE, elaborada sobre unas 5.300 empresas de la zona euro. El estudio distingue entre las compañías que usan la IA de forma ocasional y aquellas que la han incorporado con mayor profundidad a su actividad. Es ahí donde aparece la diferencia. En el conjunto de empresas que simplemente declaran utilizarla, no se aprecia una brecha significativa entre creación y destrucción de empleo. Pero cuando el uso es intenso, la balanza se mueve hacia la contratación. “Las empresas con un uso intensivo de IA tienden, en promedio, a contratar en lugar de despedir”, explican Laura Lebastard y David Sondermann, autores del análisis.

La explicación se debe a que la implantación de estas herramientas no solo permite automatizar tareas, pues también exige perfiles capaces de desplegarlas, supervisarlas y adaptarlas a los procesos de cada negocio. Según el banco central, parte del aumento del empleo responde precisamente a esa necesidad de personal cualificado para poner en marcha y sostener el uso de la IA, especialmente en actividades ligadas a la investigación, el desarrollo y la innovación.

La IA no debe usarse para reducir costes

Eso no significa que el riesgo de sustitución haya desaparecido. El propio BCE advierte de que las empresas que recurren a la IA con el objetivo explícito de reducir costes laborales muestran efectos negativos sobre la contratación y positivos sobre los despidos. La diferencia es que, de momento, ese grupo sigue siendo minoritario. Solo el 15% de las firmas que usan IA menciona el recorte de costes laborales como uno de los motivos de adopción, una proporción insuficiente, según la institución, para neutralizar el efecto positivo agregado que hoy se observa en el empleo.

La adopción de la IA se ha acelerado, pero todavía está lejos de ser homogénea. Eurostat calcula que en 2025 utilizó alguna tecnología de inteligencia artificial el 19,95% de las empresas de la UE con al menos 10 trabajadores. Entre las grandes compañías, con 250 o más empleados, la proporción asciende al 55,03%. El uso es especialmente elevado en información y comunicaciones, donde supera el 62%, muy por delante del resto de ramas de actividad.

Los datos del BCE añaden que, en su muestra, dos tercios de las empresas aseguran que sus empleados usan IA, pero solo una minoría la emplea de manera intensiva y apenas una parte reducida dedica inversión específica a esta tecnología. En otras palabras, la difusión es amplia, pero el grado de implantación real sigue siendo desigual. Ese desfase puede ayudar a explicar por qué Europa todavía no vive una oleada general de despidos asociada a la automatización, al menos no con la intensidad que se observa en otros mercados más agresivos en inversión tecnológica.

Fuera del BCE, el diagnóstico es bastante más prudente. El instituto alemán ifo señaló en junio de 2025 que el 27,1% de las empresas alemanas espera que la IA provoque recortes de empleo en los próximos cinco años, frente a un 5,2% que prevé creación de nuevos puestos. La fotografía, por tanto, cambia cuando el foco se desplaza del corto al medio plazo. Por ahora, las empresas aún están tanteando en qué áreas obtienen ganancias de productividad. Más adelante, si esas mejoras se consolidan, la presión sobre determinadas ocupaciones podría intensificarse.

Ese es, precisamente, uno de los puntos más inciertos del debate. El BCE admite que no existe consenso sobre el impacto final de la IA en la productividad y recuerda que los cálculos disponibles difieren mucho entre sí. Christine Lagarde lo formuló el año pasado en términos próximos a la vieja paradoja de Solow. La IA puede tener un enorme potencial, pero sigue sin estar claro si ese impulso acabará reflejándose con nitidez en las estadísticas agregadas. En un discurso de julio de 2024, la presidenta del BCE señaló que “aún no se sabe con certeza si la IA se reflejará en las estadísticas de productividad o si creará una nueva paradoja”.

Algunas investigaciones recientes apuntan incluso a un efecto inicial contrario al esperado. Un trabajo difundido por MIT Sloan sobre empresas manufactureras de Estados Unidos sostiene que la adopción de IA puede reducir la productividad en el corto plazo por los costes de ajuste, formación y reorganización interna que exige la tecnología antes de empezar a rendir plenamente. Ese hallazgo enfría la idea de un salto automático e inmediato.

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