La reforma laboral de 2021 o Real Decreto 32/2021 tenía como objetivo acabar con la precariedad y la temporalidad endémica del mercado laboral en España, trasladando el grueso de la contratación hacia la modalidad indefinida. Ahora bien, los datos sugieren un cambio del problema más que su desaparición total. Según el informe de Randstad (Mercado de Trabajo en 50 Titulares) avisa de que tener un contrato fijo ya no te garantiza un trabajo estable. Ahora, muchas empresas usan estos contratos para trabajos de corta duración, tal y como hacían antes con los contratos temporales.
El informe explica a través de los datos obtenidos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y la Seguridad Social y analizados por el centro de estudios, que desde la entrada en vigor de la reforma laboral, cerca de 1,37 millones de personas han firmado más de un contrato indefinido dentro del mismo mes natural.
de 2025 fueron a tiempo parcial o fijos discontinuos. | Randstad
Esta cifra da que pensar si de verdad estamos creando “empleo de calidad”, ya que este dato contrasta abruptamente con la situación previa al cambio normativo. Durante todo el año 2021, previo a la reforma, dicho volumen de personas en esa situación de rotación apenas llegaba a los 26.000.
La "mortalidad" de la contratación indefinida
El documento de Randstad explica que ese aumento de la contratación indefinida no se traduce necesariamente en una mayor duración del contrato de trabajo. El fenómeno del pluriempleo secuencial (firmar, rescindir y volver a firmar en cuestión de días) se ha disparado. Esto sugiere que una parte de la flexibilidad que las empresas obtenían antes mediante contratos temporales de muy corta duración se canaliza ahora a través de modalidades indefinidas que se extinguen con rapidez.
Además, esta volatilidad se observa en el desglose por tipo de contrato. Según el informe, el 57,6% de los contratos indefinidos firmados en los nueve primeros meses de 2025 no fueron a tiempo completo ordinario, sino que correspondieron a modalidades a tiempo parcial o fijos discontinuos. Es decir, que la contratación indefinida "estándar" (a tiempo completo y permanente) ha dejado de ser la norma mayoritaria en el flujo de nueva creación de empleo.
El desfase del fijo discontinuo
El informe dedica un apartado específico a analizar la figura del fijo discontinuo, la modalidad estrella impulsada por la reforma para encauzar las actividades de temporada. El argumento técnico es que otorga mayores derechos y antigüedad al trabajador frente al antiguo temporal. Ahora bien, esta elección tiene un efecto estadístico que disimula una altísima rotación.
Entre marzo de 2022 y septiembre de 2025, se han firmado en España un total de 8,35 millones de contratos fijos discontinuos. Pero, esta ingente cantidad de firmas burocráticas apenas ha servido para aumentar el número real de personas trabajando bajo esta modalidad en 509.000.
En otras palabras, la ratio de conversión es extremadamente baja, pues ha sido necesario firmar más de 16 contratos de esta tipología para consolidar un solo puesto de trabajo en alta en la Seguridad Social. Esto deja ver que, según se desprende del análisis de Randstad, que el fijo discontinuo está operando con una dinámica de entradas y salidas muy similar a la de la antigua temporalidad, generando episodios de inactividad que no computan como paro registrado pero que interrumpen la generación de rentas del trabajo.
Demandantes de empleo y paro efectivo
Esta dinámica tiene un reflejo directo en las cifras de desempleo. Aunque el paro registrado se ha reducido en 78.000 personas en variación interanual, el informe subraya una discrepancia creciente con la realidad del mercado. Los demandantes de empleo con relación laboral (categoría donde se encuadran estos fijos discontinuos en periodos de inactividad) han aumentado en 89.000 personas en el último año.
Al sumar estos colectivos, el informe estima que el "paro efectivo" se sitúa en el entorno de los 3,15 millones de personas, una cifra que matiza el optimismo de los datos oficiales y confirma que el cambio de etiqueta jurídica en los contratos no ha eliminado por completo la inestabilidad inherente a gran parte del tejido productivo español.