Kalia no quiere pasar su último año de instituto entre cuatro paredes. Esta joven de Carpentras, en el sur de Francia, ha sido aceptada en la A + World Academy, un programa internacional que permite cursar el último año de bachillerato mientras navega por el mundo. Sin embargo, su aventura depende de 66.500 euros, que es el precio de la matrícula que debe abonar antes de mediados de abril si quiere subir a bordo el próximo 20 de agosto.
Este dinero permite pagar desde el salario de los profesores y la tripulación hasta el mantenimiento del Sørlandet, un velero noruego de tres mástiles que cumplirá un siglo en 2027. A bordo, los 72 alumnos seleccionados de entre 15 y 19 años de todo el mundo no solo estudian, también aprenden a manejar el timón, trepar a los mástiles y convivir en espacios reducidos.
De Instagram a la búsqueda de financiación
Kalia se encontró con el programa mientras navegaba por Instagram y solicitó la plaza animada por su experiencia como Girl Scout. Superó un proceso de selección estricto que incluyó entrevistas en inglés y, en apenas tres días, recibió el visto bueno por parte de la academia. “Mis padres me apoyaron de inmediato”, ha confesado al medio francés Le Dauphiné Libéré, consciente de que su respaldo es muy importante para ella.
Desde que la A+ World Academy se fundó en 2015, solo una alumna francesa ha conseguido completar el curso. Si logra reunir el dinero, ella será la segunda en once años. “No estaré de vacaciones. Seguiremos un programa académico estricto durante diez meses y obtendremos un diploma oficial al terminar”, explica al periódico citado. Para ella, el mar no es una distracción, sino un aula con la misma validez que cualquier instituto de ladrillo.
Sin embargo, hasta ahora las puertas de las empresas a las que ha acudido en busca de financiación han permanecido cerradas. “Solo he recibido respuestas negativas”, admite. Ante la falta de patrocinadores corporativos, la joven ha lanzado una campaña de financiación colectiva (crowdfunding) en internet para salvar su plaza, ya que cuenta atrás ya ha comenzado y solo queda un mes para evitar quedarse en tierra por falta de fondos.
Disciplina náutica y académica
El despertador de los estudiantes a bordo del Sørlandet, suena a las siete de la mañana y los teléfonos móviles están prohibidos mientras el barco navega. Durante las 16 escalas previstas, una de ellas en el puerto de Saint-Malo, los estudiantes deben bajar a tierra para realizar labores de voluntariado, como la limpieza de ecosistemas o el apoyo a bancos de alimentos locales.
Es una formación diseñada para templar el carácter y fomentar el liderazgo, virtudes que Kalia considera esenciales para su futuro profesional en el comercio internacional. “Estoy segura de que esta experiencia me enseñará muchos valores como el liderazgo, la adaptabilidad, el trabajo en equipo y la responsabilidad”, afirma.