Cuando una fortuna se ha transmitido de generación en generación durante siglos, las herencias pueden convertirse en una fuente de conflicto cuando hay problemas en las relaciones personales. Es lo que le ha ocurrido a un hombre que esperaba heredar el patrimonio de su familia valorado en unos 95 millones de euros, pero que fue excluido por su propio padre, por una “falta de logros” profesionales y personales, así como por desaprobar a su esposa.
Según informan desde el medio británico The Sun, el patrimonio de esta familia perteneciente a la aristocracia inglesa, incluye una histórica finca de varios siglos situada en Warwickshire (Reino Unido), compuesta por una mansión señorial de más de 110 habitaciones, miles de hectáreas de bosques, granjas y amplios parques. Esa propiedad ha pertenecido a la familia durante aproximadamente 400 años y guarda gran valor histórico, cultural y económico.
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Desde joven, el hijo mayor creció con la idea de que algún día sería el encargado de administrar ese legado. Sin embargo, esa expectativa comenzó a resquebrajarse cuando, tras cumplir 30 años, la relación con sus padres ya no era la misma y las discusiones por asuntos personales se hicieron rutinarias.
La tensión por el matrimonio y la percepción de los padres
Una parte importante de la disputa familiar estuvo relacionada con la pareja del hijo. Aunque el padre sostuvo ante el tribunal que el matrimonio de su hijo no fue la “razón principal” de su decisión (insistiendo en que se trataba de una cuestión de evaluación de méritos), también quedó claro en el proceso que los padres desaprobaban a la esposa del hijo, lo que contribuyó a una atmósfera de tensión constante.
Los padres llegaron incluso a mostrar hacia ella lo que un juez describió como “profundo antagonismo”, y la falta de aceptación familiar fue un factor de peso en la dinámica que terminó afectando la sucesión del patrimonio.
Ante el tribunal, el padre explicó que su decisión de excluir a su hijo mayor de la administración del patrimonio familiar no se debía exclusivamente al matrimonio, sino a lo que él consideraba una falta de preparación y de logros personales que demostraran capacidad para gestionar una propiedad de tal envergadura.
En su testimonio, afirmó que aunque su hijo había asistido a la universidad, no llegó a graduarse, y que tras eso no había seguido una carrera profesional definida ni había obtenido cualificaciones o experiencia relevantes que, según él, serían necesarias para administrar adecuadamente la finca y sus múltiples negocios asociados.
El tribunal no respalda las quejas del hijo
El hombre hijo una demanda ante el Tribunal Superior alegando que los fideicomisarios que administraban la propiedad estaban incumpliendo sus deberes y que la gestión de la finca era inadecuada. También sostuvo que la relación deteriorada con sus padres había sido el motivo de dejarlo sin herencia.
Sin embargo, el tribunal determinó que aunque el hijo tenía una “creencia sincera” de mala gestión, esa creencia no estaba bien sustentada con pruebas que demostraran un incumplimiento de los deberes por parte de los fideicomisarios o una gestión negligente del patrimonio.
El juez concluyó además que, aunque existía una mala relación familiar y un antagonismo evidente hacia la esposa del hijo, esa sola circunstancia no era suficiente para remover a los fideicomisarios ni para respaldar la demanda presentada.
La decisión judicial confirmó en términos claros que, desde el punto de vista de la ley y de los mecanismos de fideicomiso, los padres tenían derecho a decidir cómo gestionar su patrimonio y cuáles eran los criterios para designar un sucesor. Aunque el hijo argumentó que le habían prometido la administración de la finca, esa promesa no se materializó legalmente en un título o condición formal que obligara a la familia a concederle el control.