Un paseo tranquilo terminó en una sanción para un jubilado por algo insólito. Roy Marsh, de 86 años, fue multado en Skegness (Lincolnshire, Reino Unido) tras escupir una hoja que, según su relato, el viento le introdujo accidentalmente en la boca mientras descansaba. La multa inicial ascendió a 250 libras (unos 288 euros), aunque tras recurrirla se redujo a 150 libras (unos 173 euros), cantidad que finalmente pagó.
Todo comenzó el pasado mes de febrero de 2025, cuando Marsh decidió pararse a descansar en el aparcamiento de South Parade, en Skegness. “Estaba sentado allí, cuando un vendaval me metió una caña enorme en la boca. La escupí y justo cuando me levantaba para irme, dos agentes se me acercaron”, explicó el octogenario en unas declaraciones recogidas por el medio británico BBC.
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Una actuación policial “desproporcionada”
Según su versión, uno de los agentes le recriminó haber escupido en el suelo. Marsh asegura que le respondió que se estaba comportando como un “tonto”. Para el jubilado, la actuación fue injustificada: “Todo fue innecesario y desproporcionado”.
La historia salió a la luz después de que Adrian Findley, concejal del condado de Lincolnshire, afirmara haber recibido varias quejas por actuaciones similares en el municipio turístico. “Están yendo demasiado lejos”, denunció. Y añadió: “Si viniera aquí de vacaciones y me pusieran una multa de 250 libras, no querría arriesgarme a volver”.
Findley reclamó más margen de actuación para los agentes encargados de hacer cumplir la normativa medioambiental. “Es necesario que haya discreción en la forma en que (los agentes) imponen multas. No podemos esperar que las personas mayores persigan paquetes de patatas fritas por la calle si hay viento”, afirmó. En su opinión, “si parece un accidente real, hay que dar a la gente la oportunidad de disculparse y recogerlo”.
El objetivo era reducir los delitos ambientales
Por su parte, el Consejo de Distrito de East Lindsey (ELDC) defendió la actuación de sus equipos de control. En un comunicado, aseguró que “solo se acercarán a las personas que hayan sido vistas cometiendo delitos ambientales” y que las patrullas “no estaban dirigidas a ningún grupo demográfico específico” ni eran “discriminatorias”.
El concejal Martin Foster, responsable de servicios operativos, subrayó que el objetivo de estas sanciones es preventivo: “Nuestro objetivo final es generar un cambio de comportamiento y evitar que las personas cometan delitos ambientales para que los residentes y visitantes puedan disfrutar de un entorno limpio y seguro”.
En Inglaterra y Gales, este tipo de infracciones se tramitan habitualmente mediante un sistema conocido como ‘fixed penalty notices’, el cual permite cerrar el caso con el pago de la multa sin llegar a juicio. Sin embargo, si se impugna y no prospera, el proceso puede acabar en los tribunales, con el riesgo de que el coste final sea aún mayor.