Este domingo 29 de marzo, España ha vuelto a vivir ese ritual que nos deja a todos un poco ‘fuera de juego’. A las 02:00 serán las 03:00 horas. Hemos perdido una hora de sueño de golpe, pero ganamos luz por las tardes.
Sin embargo, para los millones de españoles que el lunes arrastrarán el cansancio, la pregunta es la de siempre: ¿realmente merece la pena? El economista Santiago Niño Becerra ha puesto cifras a este fenómeno que, según él, sale más caro por el desajuste biológico que lo que realmente alivia el bolsillo.
¿Realmente funciona el cambio horario?
La medida es un imperativo recogido en el BOE (PCM/186/2022), que blindó este calendario hasta el cierre de este mismo año. El objetivo oficial del Gobierno y de la Unión Europea es mantener la sincronización con nuestros vecinos para no volver locos a los aeropuertos y el transporte, y tratar de arañar unos minutos de sol para reducir el gasto eléctrico.
No obstante, este año es clave, ya que es el último año bajo este paraguas legal y el debate sobre si será la última vez que toquemos las agujas del reloj está sobre la mesa de muchos ciudadanos.
Sin embargo, los expertos empiezan a cuestionar la eficacia real. mientras que el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE) estima que el ahorro potencial en iluminación podría rondar el 5%, la realidad de los hogares con aire acondicionado y LED de bajo consumo, diluye esta cifra.
“Beneficios, la familia media de España ahorrará seis euros en los seis meses que esté vigente el cambio, un euro al mes, 3,3 céntimos al día”, sentencia el economista a través de sus redes sociales. Para Niño Becerra, esta ganancia es anecdótica frente al impacto que supone para nuestra rutina diaria.
‘Jet lag’ a la española
Pero no solo sufren las familias. Las empresas tampoco parecen sacar un gran rédito de este horario. Según los cálculos que maneja el experto, “las empresas, de media, ahorran el 0,3% de su consumo”, dice.
Esta cifra parece insuficiente para compensar el efecto ‘jet lag’ que sufren especialmente niños y mayores, con alteraciones de sueño y picos de estrés. A todo ello se suma que España arrastra un grave problema: vivimos en el huso horario de Berlín desde 1940, lo que nos hace ir a contracorriente del sol y explica por qué cenamos cuando el resto de Europa está durmiendo.
La gran incógnita ahora es qué pasará a partir de 2027. Al agotarse el calendario fijado en el BOE, el Gobierno se encuentra en una encrucijada: publicar un nuevo plan para los próximos cinco años o liderar en Bruselas el fin definitivo a estos cambios.