La escalada de precios de los alimentos básicos se ha convertido en uno de los grandes retos económicos y sociales para las familias españolas durante los últimos años. Factores como la inflación, la crisis energética y las sucesivas sequías han impactado de forma directa en la cesta de la compra, con especial incidencia en productos de consumo diario como las legumbres.
En este sentido, el garbanzo, conocido también por ‘la semilla de oro’, que es uno de los alimentos más emblemáticos de la dieta española y la legumbre más consumida del país, ha enfrentado durante los últimos años un incremento en sus costes de producción. La siembra de una hectárea, que hace diez años suponía para el agricultor un desembolso de unos 250 euros, supera actualmente los 600 euros.
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Esta escalada, que afecta a todos los eslabones de la cadena, amenaza la viabilidad económica de un cultivo que concentra el 70% de su producción en Andalucía y que convierte a España en el principal consumidor de legumbres de Europa.
El agricultor, el principal perjudicado por la subida del garbanzo
Cada año se producen en España casi 69 millones de kilos de garbanzos, por delante de la lenteja (47 millones) y la alubia (45 millones), tal y como recoge un reportaje de ‘Equipo de Investigación’. Sin embargo, el aumento del precio de la semilla, que está un 100% más cara que hace una década, y el encarecimiento de la maquinaria agrícola, que ha subido casi un 60%, lastran los resultados de los agricultores. “Hace diez años producir una hectárea me costaba unos 250 euros y ahora está cerca de los 600”, afirma Luis Prieto, agricultor.
A la subida de estos costes, se suma el alza de los costes logísticos. El transporte de cada kilo de garbanzos es ahora 9 céntimos más caro que en años anteriores y el precio del plástico empleado en el envasado se ha triplicado hasta alcanzar los 5 euros por kilo, dejando así entrever la enorme brecha salarial que existe en el campo español.
“El supermercado aprieta mucho. Una cadena, cuanto más grande es, más aprieta, y hay veces que te supone trabajar con márgenes muy justos, de 1 céntimo el kilo”, explica la gerente de una explotación dedicada a la legumbre.
De esta manera, si persistiera esta tendencia, el cultivo tradicional del garbanzo podría perder peso en el campo español, incrementando la dependencia de importaciones y amenazando la sostenibilidad del sector a medio plazo.