No es habitual que un negocio de huevos se convierta en un fenómeno digital, ni tampoco que una huevería situada a las afueras de Madrid tenga lista de espera, más de 4.000 socios activos y sirva a algunos de los restaurantes más prestigiosos del país. Sin embargo, eso es exactamente lo que ha conseguido Jorge, fundador de Cobardes y Gallinas, un proyecto que nació oficialmente en enero de 2020 y que hoy se ha convertido en un ejemplo de cómo las redes sociales pueden transformar un producto tradicional en una marca con identidad propia.
La historia la recoge el creador de contenido Sergio Begueria en uno de sus vídeos de YouTube, donde visita el punto físico del negocio en Las Rozas y conversa con Jorge sobre emprendimiento, calidad alimentaria y crecimiento sostenible.
Jorge no procede del sector agroalimentario ni del marketing digital. Antes de dedicarse por completo a los huevos, había impulsado proyectos de informática y distintas startups. El giro llegó casi por casualidad. “Todo empezó cuando monté un pequeño corral en casa porque quería comer huevos de calidad y era muy difícil encontrarlos”, explica durante la entrevista.
Con apenas 40 gallinas en Madrid comenzó a vender huevos a conocidos y amigos. La demanda fue creciendo y lo que nació como un consumo personal acabó convirtiéndose en un sistema de venta directa. “Muchas veces el proyecto que menos esperas es el que termina funcionando”, relata.
Ese enfoque artesanal sigue marcando hoy la filosofía del negocio. Jorge compara su forma de emprender con la de “un jardinero paciente”, centrado en “cuidar la tierra, fortalecer la raíz y dejar que el crecimiento llegue cuando tiene que llegar”, sin forzar resultados ni acelerar procesos.
Uno de los momentos más didácticos del vídeo llega cuando Jorge explica, con un huevo recién abierto, qué diferencia a un producto premium de uno convencional. “La clave está en que las gallinas sean jóvenes”, señala, ya que eso se traduce en “una cáscara más dura, más albumen y una yema firme y brillante”.
Según detalla, “si al abrir el huevo se aprecia mucha gelatina, la burbuja de aire es pequeña y la yema es esférica”, se trata de un huevo fresco y sano. También destaca la importancia de la membrana vitelina, “espesa, resistente y grasa”, como indicador de calidad. Ese nivel de exigencia ha llevado a Cobardes y Gallinas a trabajar con restaurantes como DiverXO, Azurmendi, Tasquita o Hugo Chan.
Cero euros en publicidad y más de 4.000 socios
Uno de los datos más llamativos del proyecto es que su crecimiento no se ha apoyado en campañas de pago. “He invertido cero euros en publicidad”, afirma Jorge. La estrategia ha sido “compartir lo que hacemos, documentarlo y pasarlo bien creando contenido”.
Sin formación previa en edición de vídeo ni en marketing, aplicó puro sentido común. El resultado es una comunidad de más de 4.000 miembros que pagan una media de 36 euros al mes mediante un sistema de suscripción. “Ahora mismo incluso tenemos lista de espera”, reconoce.
El modelo se basa en eliminar fricciones. “A los restaurantes les reservo el producto y se lo envío automáticamente”, explica. En el caso de los particulares, el cobro se realiza desde el primer momento. “El objetivo no es vender, es cobrar”, resume con claridad.
Cada semana salen alrededor de 700 paquetes protegidos con paja para garantizar que los huevos lleguen en perfecto estado. Para demostrarlo, el equipo lanzó una caja desde una terraza en un vídeo que se hizo viral. “No se rompió ni un solo huevo”, destaca.
Aunque enviar huevos a domicilio es costoso, Jorge lo considera “una inversión en marca”. “Cuando alguien ve nuestro logo en la carta de un restaurante, confía”, asegura. Actualmente, el equipo está formado por unas 18 personas y el siguiente paso es crear un espacio donde el público pueda “mezclarse con la marca” a través de una barra para comer tortillas o huevos fritos.
Para crecer, Cobardes y Gallinas apuesta por colaborar con granjeros que adopten su modelo. “Gallinas en libertad, piensos adaptados a su edad y razas que ponen menos huevos, pero de mejor calidad”. La alimentación también marca la diferencia, con ingredientes como pimentón de la Vera o semillas de lino para mejorar el perfil nutricional.
La entrevista deja una idea clara. En un contexto donde muchos negocios buscan escalar rápido, Jorge prefiere “crecer despacio, pero hacerlo bien”, manteniendo siempre “una promesa real de calidad”. Una filosofía que demuestra que incluso algo tan cotidiano como un huevo puede convertirse en un proyecto rentable cuando se cuida el producto, la comunidad y el propósito.