La escalada del precio de los alimentos básicos se ha convertido en uno de los grandes retos sociales y económicos de las familias españolas. Inflación, crisis energética y sequías sucesivas han convertido a la cesta de la compra en un termómetro de lo que se puede encontrar en el sector rural.
Una de las áreas más afectadas es el trigo, la base del pan, harinas y de buena parte de los productos que llenan los supermercados. De esta semilla nacen los alimentos más comunes de la dieta de un español: pan, pasta, galletas o demás cereales. Pero, tras esa aparente sencillez hay un sector primario que lucha por sobrevivir.
Solo el año pasado, España produjo cerca de 6,2 millones de toneladas de trigo, según datos del Ministerio de Agricultura. Castilla y León, Castilla-La Mancha y Aragón concentran más del 60% de la producción nacional.
Sin embargo, el coste de producir cada hectárea se ha disparado. Donde hace veinte años sembrar una hectárea rondaba los 450 euros, ahora supera los 900 euros, un incremento de más del 90%. Según Eurostat, los fertilizantes han duplicado su precio desde 2020, el gasóleo agrícula es casi un 40% más caro, y el precio de los herbicidas h seguido la misma tendencia.
“Hoy un tractor cuesta 30 veces más que hace 50 años”
“La agricultura no está pasando por un buen momento. Creo que esto es evidente ya para todo el mundo”, afirma Frances Font, agricultor catalán. “Mi abuelo tenía un tractor Barreiros de los años 60 que le costó 150.000 pesetas. Eso son unos 900 euros. Hoy, un tractor de 70 u 80 caballos vale 20.000 o 30.000 euros: 20 o 30 veces más. Pero el trigo solo se paga tres veces mejor que entonces”, explica en sus redes sociales.
Esa desproporción se traduce en un problema del sistema: los costos del campo crecen mucho más rápido que los precios que perciben los agricultores. “El combustible, los productos químicos, la electricidad… todo ha subido", dice Frances. “Y sin embargo, el trigo, que en los años 70 valía el equivalente a unos 50 euros la tonelada, ahora está en 180 euros. Imagina la diferencia”.
No bastan las ayudas
La Política Agraria Común (PAC) supone una salvación para muchos, pero se puede convertir en una auténtica trampa para otros: “Dependemos en gran parte de las subvenciones. ¿Qué motivación nos queda si buena pate del sueldo viene de una ayuda? Es una muestra muy clara de que el sistema no funciona”, lamenta el agricultor.
Los datos así lo confirman. Según el Instituto Nacional de Estadística, en España hay hoy un 50% menos de agricultores que hace veinte años, y la edad media supera los 60 años.
“Cuando queremos pagar productos a precios muy baratos, estamos promoviendo un sistema que no funciona”, reflexiona Frances. “¿Quién va a cuidar del territorio y alimentar a la población? Hay que cambiar este sistema si queremos que en 20 años quede algún agricultor vivo. Está en manos de todos”, confiesa.