Bélgica acaba de materializar una de las reformas laborales y de Seguridad Social más drásticas de su historia reciente. El país europeo ha certificado el final definitivo de su particular sistema de prestación por desempleo vitalicia, limitando el cobro de la ayuda a un máximo de dos años. En paralelo, y desde este 1 de enero de 2026, ha entrado en vigor un endurecimiento de las condiciones para acceder a las prestaciones por interrupción de la carrera profesional durante el empleo al final de la misma (una fórmula de reducción de jornada bonificada similar a la prejubilación).
La reforma, impulsada por el Gobierno federal para paliar la falta de mano de obra y garantizar la sostenibilidad económica del sistema, tiene ya vía libre judicial. El pasado 15 de enero, el Tribunal Constitucional belga desestimó los recursos de anulación presentados por los principales sindicatos (CSC, FGTB y CGSLB), al considerar que no se había demostrado un “perjuicio grave e irreparable” para los trabajadores.
El viceprimer ministro y titular de Empleo, David Clarinval, celebró el fallo judicial asegurando que esta medida es vital para “fortalecer el apoyo al empleo”, tal y como recogió la agencia EFE. Ahora, ¿en qué cosiste exactamente esta reforma?
Final del paro indefinido: hasta seis ‘olas’ de recortes
Bélgica ha puesto fin a la prestación por desempleo indefinida. La nueva regla general dictamina que, si se cumplen las condiciones de acceso, los desempleados tendrán derecho a un mínimo de 12 meses y a un máximo de 24 meses de prestación.
Para quienes ya venían cobrando esta ayuda, la Oficina Nacional de Empleo belga (ONEM) ha diseñado un régimen transitorio estructurado en seis ‘olas’ que culminará el 1 de julio de 2027, fecha en la que se estima que ya no existirá esta prestación vitalicia.
Adicionalmente, las llamadas “prestaciones de inserción” (destinadas a jóvenes o personas con escasa experiencia) también quedan limitadas a 12 meses. En cuanto a los posibles afectados, se ha derivado a los mismos a los servicios de empleo (Forem o Actiris) para buscar trabajo, al CPAS (asistencia social) si se quedan sin ingresos, o a las mutuas en caso de enfermedad.
Las únicas excepciones que se libran de estos límites temporales son colectivos muy concretos, como artistas, pescadores y mayores de 55 años que acrediten, al menos, 30 años cotizados.
Más años cotizados para poder ‘prejubilarse’
El Gobierno belga también ha reformado las prejubilaciones (RCC). Desde este enero de 2026 es más difícil acceder al subsidio que paga la ONEM cuando un trabajador mayor de 60 años reduce su jornada como paso previo a la jubilación. Hasta ahora, bastaba con acreditar 25 años de carrera profesional.
Sin embargo, con el nuevo real decreto, las exigencias se endurecen de forma progresiva hasta 2030, y lo hacen con una escala diferenciada por género, tal y como recoge el Servicio Público Federal. Los hombres necesitarán tener 31 años cotizados en 2026, cifra que subirá a 32 en 2027, 33 en 2028, 34 en 2029 y se fijará en 35 años en 2030. Por su parte, las mujeres necesitarán 26 años cotizados en 2026, subiendo a 27 en 2027, 28 en 2028, 29 en 2029 y 30 años en 2030.
El motivo de esta diferenciación, según el Gobierno, es que imponer el mismo tiempo de cotización a ambos sexos crearía una “discriminación indirecta” contra las mujeres. Los datos oficiales que sustentan la norma revelan que las mujeres tienen carreras más cortas porque asumen la carga de los cuidados: en 2024, el 40,9% de las mujeres trabajaba a tiempo parcial frente a solo el 12,4% de los hombres, y seis de cada diez mujeres admitían hacerlo por motivos familiares o personales.
A pesar de la dureza de la medida, el decreto mantiene una vía de escape a partir de los 55 años (y con el requisito antiguo de 25 años de carrera) para situaciones de especial vulnerabilidad o penosidad. Así, seguirán beneficiándose de estas condiciones más ventajosas los trabajadores de empresas reconocidas oficialmente en crisis o reestructuración, quienes ejerzan profesiones penosas, los empleados con 20 años de experiencia en turnos de noche, o los trabajadores del sector de la construcción que no puedan mantener físicamente su ritmo laboral.