Juan y Sandra, viven en una autocaravana para escapar de los alquileres: "Dicen que romantizamos la precariedad, pero ahorramos más del 50% de lo que gastábamos"

Se estima que en 2025 se matricularon más de 9.000 autocaravanas en España, muchas de ellas como alternativas a los altos precios de los alquileres.

Sandra y Juan |TikTok | @juanandsandratraveling
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Vivir sobre ruedas ya no es solo una forma de viajar. Para muchos españoles se ha convertido en la única alternativa para sobrevivir. Los altos precios de la vivienda y el estancamiento de los salarios empujan cada vez a más personas a buscar refugio en espacios diminutos, desde habitaciones compartidas hasta furgonetas o autocaravanas de a penas 8 metros cuadrados.

Juan y Sandra, dos jóvenes españoles, lo saben muy bien. Con sus sueldos no pueden pagar un alquiler en la ciudad. Por eso, desde hace poco más de ocho meses, la autocaravana se ha convertido en su hogar.

Viviendo de  ‘caravaning’ en España

Según datos de la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Caravaning (ASEICAR), en 2025 se matricularon en España más de 9.000 autocaravanas, un 20% más que el año anterior. Se trata de un fenómeno que, aunque en principio está vinculado al turismo, se ha convertido en un reflejo de la crisis habitacional: muchas personas ya no la compran para viajar, sino para vivir.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) revela que el precio medio del alquiler subió en 2025 casi un 9%, mientras que los salarios apenas crecieron un 2,1%. El resultado es claro: más familias buscan techo fuera del mercado tradicional.

“Estamos romantizando la precariedad”

Para Juan y Sandra la decisión no fue un impulso. “Desde hace ocho meses dejamos nuestra vida convencional para vivir en una autocaravana”, explica Juan. Ambos confiesan haber recibido comentarios de todo tipo a través de sus redes sociales. Sin embargo, el que más se repite “es que estamos romantizando la precariedad”. 

“Creemos que es más precario dejarnos la mitad de nuestros sueldos para pagar una casa”, señala la mujer. Juan coincide con ella. Dice que la alternativa tradicional, es decir, un piso, no es precisamente un lujo: “Hay mucha gente que comparte piso, y no solo eso, sino que viven una habitación y tienen que compartir tanto la cocina como el baño”.

Frente a esa falta de intimidad en los pisos compartidos, su hogar les da lo que necesitan: “Tenemos nuestro propio espacio de salón, cocina, baño y habitación”, explican. De acuerdo a la pareja, los beneficios son muchos: un alto rendimiento para ahorrar no solo por la falta de alquiler, sino también es gracias al mínimo gasto en luz y agua, que en algunos casos no superan los 20 euros al mes en suministros básicos. “Ahorramos hasta más del 50% de lo que gastábamos antes”, confiesan. 

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