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Varios jubilados mayores de 80 años sobre sus mayores errores: "Vendieron lo que yo quería, me arrepiento de haberles dado mis propiedades a mis hijas"

Entrevistan a varios jubilados donde explican cuales han sido sus mayores aciertos, errores y lo que aprendieron de ellos.

Jubilado entrevistado
Jubilado entrevistado cuenta sus mayores errores |Jaime Gumiel | YouTube
Francisco Miralles
Fecha de actualización:
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Al llegar a la jubilación, si hay algo que se acumula, no son solo años, sino también experiencia, una que muchas veces nace de los errores cometidos en el pasado. Por eso suele decirse que el paso del tiempo enseña, aunque no evita que muchos jubilados echen hoy la vista atrás y recuerden sus mayores arrepentimientos.

Para dar respuesta, el creador de contenido Jaime Gumiel ha entrevistado a varios jubilados de 80, 83, 84 y hasta 87 años, donde hablan sobre la familia, el trabajo, el matrimonio, el sacrificio y el paso del tiempo. Algunos aseguran no arrepentirse de nada. Otros, en cambio, reconocen que hay decisiones que todavía duelen.

De hecho, una de las confesiones más impactantes y con las que empieza el video la hace una mujer que responde sin rodeos cuando le preguntan por sus errores. “Me arrepiento de haberles dado mis propiedades a mis hijas antes de tiempo”. Su explicación va todavía más allá. “Vendieron lo que yo quería muchísimo por dinero”. En apenas unas palabras resume una herida que sigue abierta y que enlaza con una idea que se repite varias veces durante la conversación, que no todas las decepciones llegan de fuera y que a veces las más duras nacen dentro de la propia familia.

Otra entrevistada, preguntada por aquello que lamenta de su vida, lo resume de forma tajante. “De haberme casado”. Frente a ella, otros participantes adoptan una visión más templada y aseguran que han tenido de todo, “buen tiempo, mal tiempo”, pero que no cambiarían lo vivido.

El vídeo también introduce una reflexión basada en un estudio citado por el propio creador de contenido, atribuido al psiquiatra Robert Waldinger y centrado en los arrepentimientos más comunes al llegar a la vejez. Según esa explicación, muchas mujeres lamentan no haber vivido de una forma más auténtica, demasiado pendientes de la opinión de los demás, mientras que muchos hombres aseguran haber dedicado demasiado tiempo al trabajo y demasiado poco a su familia.

“Sí, volvería a tener 25 años”

Una de las preguntas que más juego da entre los entrevistados es si volverían a tener 25 o 30 años. La mayoría responde que sí. Y lo hace con una mezcla de nostalgia, deseo y conciencia del valor del tiempo.

Sí, por supuesto. Volvería a tener los 25 para volver a estar hasta los 80 otra vez perfectamente”, asegura uno de los jubilados. Otro va un paso más allá y defiende que, con lo aprendido, repetiría el camino. “Con los conocimientos que tengo hoy, sí volvería. Todo lo que he ganado ha sido a base de trabajo, sacrificio y humildad”.

También hay quien responde desde un plano mucho más emocional. “Me encantaría volver a los 30. Y si pudiera volver a los 25 y tener a mi madre y a mi padre, me encantaría”. En esa frase no hay solo nostalgia por la juventud, sino por todo lo que representaba aquella etapa, la familia, la fuerza física y la sensación de que la vida todavía estaba por delante.

No todos, sin embargo, idealizan ese regreso. Una entrevistada recuerda que muchas veces se fantasea con volver a ser joven sabiendo todo lo que se sabe ahora, pero admite que eso es imposible. Y precisamente por eso prefiere aceptar el presente tal y como es.

Una vida de esfuerzo, trabajo y renuncias

En varios testimonios se repite una misma idea. La vida de quienes hoy superan los 80 años estuvo marcada por el sacrificio desde muy temprano. Uno de los hombres recuerda que con apenas 9 años ya lo llevaron al campo y que apenas pudo ir al colegio. Otro cuenta que salió de casa con su mujer “sin nada”, con una simple bolsa, y que todo lo que consiguió después fue “a base de trabajar”.

Ese esfuerzo también aparece en la forma en que describen la vejez. Una mujer de 87 años admite que hay días en los que puede andar y otros en los que no, y que lo único que desea ahora es vivir tranquila. Otra persona resume su situación con una frase tan dura como sincera. “Unas veces dices para qué quiero vivir y otras veces para qué me quiero morir”.

Aun así, no todo es amargura. También hay espacio para quienes hacen balance positivo. Una entrevistada asegura haber sido feliz junto a su marido hasta que falleció y otra, con 67 años, explica que sigue sintiéndose joven y activa. El vídeo, en ese sentido, no presenta una visión uniforme de la vejez, sino una suma de experiencias muy distintas atravesadas por una misma certeza, que el tiempo obliga a mirar la vida con otra profundidad.

“La vida es muy complicada, hijo”

Cuando se les pregunta por lo que les ha enseñado la vida, los mayores no hablan de grandes teorías. Hablan de golpes, de decepciones, de salud y de relaciones humanas. Una de las mujeres ofrece una de las reflexiones más crudas del reportaje. “Te enseña cómo es la gente, la falsedad, la hipocresía, la cantidad de tropiezos que te ponen en la vida”. Y remata con una frase que resume todo su aprendizaje. “La vida es muy complicada, hijo”.

Otros prefieren quedarse con una enseñanza más serena. “He aprendido a vivir, a disfrutar de la vida”, dice una entrevistada. Un hombre lo resume en valorar las cosas importantes, sobre todo la salud y el hecho de seguir adelante.

También hay mensajes sobre la igualdad y la humildad. Uno de los jubilados insiste en que nadie es más que nadie y que pensar lo contrario es un error que termina destruyendo amistades y relaciones. Es una idea sencilla, pero en boca de alguien que mira hacia atrás después de toda una vida, adquiere otro peso.

En la parte final del vídeo, los entrevistados lanzan sus recomendaciones a las nuevas generaciones. Y aunque cada uno lo expresa a su manera, todos coinciden en varios puntos, disfrutar más, valorar lo que se tiene, no vivir con tanta prisa y entender que las cosas cuestan.

“Que disfruten de la vida lo mejor posible”, dice uno de ellos. Otro pide que los jóvenes luchen por su futuro y aprendan a valorar lo que tienen. “Cuando veas lo que cuesta algo, lo valoras. Pero si te lo dan, te da igual”.

También aparece una comparación constante entre el pasado y el presente. Varios mayores recuerdan que antes, con mucho menos, la gente se entretenía y era capaz de disfrutar. Ahora, en cambio, perciben más tristeza, más egoísmo y una vida más acelerada. Una madre lo expresa con preocupación al hablar de su hijo. Dice que lo tiene todo y, sin embargo, no lo ve feliz.