España es una potencia en miel, pero la vida del apicultor nunca ha sido tan frágil. Tras 30 años trabajando entre colmenas, Miguel ve claras las dificultades a las que se enfrenta el sector: “No quiero que mis hijos tengan colmenas”, confiesa a través de las redes sociales.
Este español dirige Río de la Miel, en Salamanca, una empresa familiar fundada por su padre, Rafael del Río en 1974. Desde entonces se han dedicado a recolectar, conservar y envasar miel que hoy llega a buena parte del país.
Con los años han logrado varios reconocimientos nacionales e internacionales, como premios en los Great Taste Awards por sus mieles de brezo, romero y lavanda. Ese éxito, sin embargo, no tapa la dureza de este oficio: “Ser apicultor es un trabajo de riesgo”, señala el empresario.
El negocio de la miel en España
España es el mayor productor de miel de la Unión Europea, con unas 33.000 toneladas en las últimas campañas, un 20% más que el año anterior. El sector cuenta con más de 35.000 apicultores y más de 3 millones de colmenas, aunque solo en torno al 17 o 18% son profesionales, mientras que el resto son pequeños productores o aficionados.
Pese a estas cifras, la apicultura atraviesa una de sus etapas más delicadas: una producción irregular y un aumento de los costes que son presionados constantemente por la llegada de miel importada más barata.
Las colmenas son el patrimonio de la familia de Miguel. Se colocan en el monte, a merced del clima, incendios, robos, plagas y depredadores, que convierten a este oficio un negocio “de riesgo”.
A esto se suman otros gastos como el gasoil, material, tratamientos sanitarios y mano de obra. Todo este contexto ha hecho que Miguel no vea futuro en la apicultura, y por eso, no quiere que sus hijos sigan sus pasos, ya que prefiere “que vayan a trabajar a otro sitio”.
Poco atractivo para los jóvenes
Aunque el número de exportaciones apícolas ha crecido en los últimos años, el sector está envejeciendo. La edad media del apicultor ya supera los 55 años y cuesta encontrar jóvenes dispuestos a incorporarse. “Ahora mismo los relevos que están habiendo no son gente cualificada”, admite Miguel, que ve cómo muchos se acercan, pero muy pocos se quedan.
Esto no solo pasa en este sector, se calcula que en la construcción hacen falta 700.000 trabajadores que se especialicen en ello. Y es que, como concuerdan los expertos, la falta de relevo trae consigo un riesgo muy claro: no habrá suficientes manos para sostener sectores importantes para la sociedad española.

