“Hacienda dispone de más datos, los obtiene más rápido y los cruza de forma cada vez más automática”, así lo aseguran desde Bernáldez y asociados, empresa dedicada al asesoramiento integral en las áreas legal, fiscal y de gestión empresarial, dirigida por José Antonio Bernáldez.
Detrás de esta advertencia hay un cambio de fondo en cómo la Agencia Tributaria vigila a los contribuyentes: ya no se trata solo de revisar una declaración al azar, sino de seguir el rastro de casi cualquier movimiento económico en tiempo real.
Con la campaña de la Renta 2025 arrancando el 8 de abril y cerrando el 30 de junio, este nuevo escenario obliga a repensar una idea básica: hoy es mucho más arriesgado “probar suerte” que regularizar a tiempo.
Fechas clave y más ojos sobre la Renta
El calendario oficial de la Renta marca el ritmo: desde el 8 de abril se puede presentar la declaración por internet, desde el 6 de mayo se abre la vía telefónica con cita previa y del 1 al 30 de junio llega el turno de la atención presencial en oficinas.
Quien tenga que pagar y quiera domiciliar el ingreso, además, debe estar atento a la fecha límite específica para esa opción. Es decir, ya no hay excusa: hay canales, plazos amplios y recordatorios constantes.
En paralelo, el llamado Plan Anual de Control Tributario y Aduanero de 2026 detalla dónde va a mirar Hacienda con lupa. El foco sobre el sector inmobiliario se refuerza: se cruzan datos catastrales con lo declarado en transmisiones, herencias y alquileres, se vigilan los arrendamientos turísticos que pasan por plataformas y se afinan los mapas de bienes urbanos. La traducción práctica es sencilla: si vendes, heredas o alquilas, es muy probable que el Fisco ya sepa por cuánto y cómo.
Inmuebles, alquileres y sociedades en el punto de mira
Uno de los grandes frentes es el ladrillo. Las transmisiones de viviendas, locales y terrenos se revisan no solo por lo que declaras, sino por lo que figura en Catastro y en otras bases de datos. En alquileres, las operaciones que pasan por plataformas tipo Airbnb ya se reportan a la Agencia Tributaria, de modo que los ingresos “olvidados” en la declaración son cada vez más fáciles de detectar.
Otro clásico que se mantiene en primera línea son las sociedades instrumentales y patrimoniales usadas para rebajar la factura en IRPF y Patrimonio. Hacienda mira con especial atención los gastos personales cargados a la empresa (coches, casas, barcos, arte), los préstamos ficticios entre socio y sociedad o el uso de tarjetas corporativas para pagar la vida privada. También se vigilan las ventas simuladas entre familiares y las estructuras que permiten disfrutar de beneficios sin tributarlos a nivel personal.
Más datos, menos margen para el “despiste”
La gran novedad de fondo es cómo y cuándo llegan los datos. Cada vez más información que antes se obtenía una vez al año (titularidades de cuentas, cobros por datáfono, pagos con móvil) pasa a recibirse de forma periódica, incluso mensual.
Eso reduce drásticamente el tiempo entre la operación y la posible detección de un fallo o un fraude. En paralelo, se anuncian sistemas como VERI*FACTU y la futura factura electrónica obligatoria B2B, que terminarán por cerrar aún más la brecha.
En este contexto, el mensaje del experto fiscal señala que no solo los grandes defraudadores, sino cualquier contribuyente que esté tentado de “no declarar algo porque total, no se van a enterar”.
Cuando insiste en que Hacienda “dispone de más datos, los obtiene más rápido y los cruza de forma cada vez más automática”, lo que está diciendo, en realidad, es que la mejor estrategia en 2026 no es esconderse, sino adelantarse: revisar tu situación, corregir errores voluntariamente y presentar una Renta que aguante cualquier cruce de información.

