La transformación digital ha cambiado la forma en que los españoles pagan sus compras. En apenas una década, el uso del dinero en efectivo ha dado paso a un ecosistema dominado por tarjetas bancarias y dispositivos móviles, algo que no beneficia especialmente al pequeño comercio y a la hostelería.
Este fenómeno, impulsado por la pandemia y por la comodidad del consumidor, ha traído consigo algunas ventajas, como mayor seguridad y rapidez en las transacciones, pero también ha abierto un debate sobre el impacto que las comisiones bancarias tienen en los pequeños negocios, que deben afrontar los costes añadidos.
Cuánto paga un bar por aceptar pagos con tarjeta
Sergio, autónomo y propietario de una cafetería, resume, bajo su experiencia, la preocupación de muchos pequeños negocios en España con respecto a esto. “Los pagos de 2 o 3 euros con tarjeta nos perjudican mucho a los pequeños negocios”, asegura.
En bares y cafeterías, donde el precio medio por operación apenas supera los dos euros, cada céntimo cuenta. “Cuando alguien paga un café de 1,60 euros o una tostada de 2,80 euros con tarjeta, la comisión que me quitan puede parecer mínima, pero para nosotros no lo es”, explica Sergio, según recoge ‘El Español’.
Si se multiplican estas operaciones, que pueden llegar hasta 150 en una sola jornada, el efecto de las comisiones es significativo, y “el porcentaje que se va en comisiones se nota mucho”, añade Sergio, haciendo hincapié en que “es dinero que podría destinar a pagar la luz, a los proveedores o incluso a contratar a alguien unas horas más”, detalla. Por ello, existen casos como el de Mar, dueña de un bar, que ha decidido prohibir los pagos con tarjeta en su establecimiento.
Cuota fija por el uso del TPV
En su caso, el propietario explica que su entidad bancaria le aplica una cuota fija mensual por el uso del TPV, además de un porcentaje sobre cada pago. “A final de mes puede equivaler perfectamente a una semana entera de compra de pan o café. Y eso, para nosotros, es muchísimo”, asegura.
Así, admite que ha buscado alternativas financieras, pero son escasas. Ha comparado tarifas entre los diferentes bancos, ha pedido revisiones de condiciones y ha estudiado distintas opciones, pero ninguna supone una diferencia real con la que tiene actualmente.
Sin embargo, pese a esta carga, Sergio rechaza la posibilidad de establecer un importe mínimo para el pago con tarjeta, ya que “si un cliente quiere un café y no tiene monedas, no puedo decirle que no. Prefiero asumir yo el coste antes que perderlo”, reconoce.

