La Unión Europea ha abierto la puerta a que Marruecos extienda a productos agrícolas y pesqueros del Sáhara Occidental las preferencias arancelarias del acuerdo de asociación sin que el etiquetado obligue a identificar con claridad el origen real. La modificación, publicada este miércoles en el Diario Oficial de la UE, permite que mercancías procedentes del territorio ocupado entren en el mercado comunitario bajo denominaciones administrativas marroquíes, lo que, en la práctica, deja al consumidor europeo sin una referencia inequívoca de procedencia.
El cambio afecta al Protocolo número cuatro del Acuerdo de Asociación UE Marruecos y se aplica con carácter retroactivo desde el 3 de octubre de 2025, tras la publicación de la Decisión número 2/2025 del Consejo de Asociación. La consecuencia es directa. Los productos del Sáhara Occidental pasan a recibir “las mismas preferencias comerciales” que los del reino alauí, según el texto publicado, sin un requisito de identificación explícita que los diferencie.
Un cambio de reglas con choque jurídico en Luxemburgo
La reforma llega, además, con el precedente incómodo de la justicia europea. Según el propio Diario Oficial, la nueva regla choca con una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE de octubre de 2024 que anulaba los acuerdos comerciales que “no diferenciaban” el origen saharaui. Antes de la publicación, el Parlamento Europeo intentó frenar la medida mediante una objeción que terminó rechazada “por un solo voto”, de acuerdo con lo difundido en el boletín comunitario.
Las organizaciones agrarias españolas han reaccionado con dureza. Asaja define la modificación como “la legalización de una competencia desleal que inunda nuestros mercados con producto extracomunitario bajo un etiquetado confuso”, y avisa de un daño “grave” a la rentabilidad de agricultores y pescadores. La asociación carga también contra la Comisión Europea y apunta al Gobierno de España, señalando al PSOE como “el único representante nacional” que votó en contra de la objeción en la Eurocámara, según recoge la información sectorial.
Tomate cherry de Dakhla y pesca en aguas saharauis, el foco del malestar español
El cambio impacta de lleno en los dos motores productivos del territorio, la agroindustria y la pesca. En la península de Dakhla, los tomates cherry y los melones lideran una producción orientada a la exportación, con grandes operadores como Rosaflor, Soprofel, Azura o Les Domaines Agricoles, “vinculadas al rey marroquí o a grupos franceses”, según apuntan varios medios. Desde 2021, varias firmas habrían incorporado también el arándano, un cultivo de alto valor comercial.
La trazabilidad, advierten varias fuentes, se vuelve más opaca conforme la logística se integra en los circuitos marroquíes. Rosaflor y alerta de que el empleo generado “favorece a colonos marroquíes” y desplaza a la población original. A ello se añade un punto crítico para el mercado europeo. La mercancía puede mezclarse en centros de exportación como Agadir, lo que hace “cada vez más difícil” distinguir el origen cuando llega a los lineales.

En el capítulo pesquero, el relato de la disputa se repite con números. Según “datos oficiales del gobierno marroquí”, el 73% de las capturas costeras y manuales de 2020 habría correspondido a aguas del Sáhara Occidental, el 63% en valor total. La presencia de arrastreros europeos, rusos o japoneses bajo acuerdos con Marruecos, “pese a la falta de soberanía reconocida”, alimenta la denuncia del sector, especialmente por el pulpo y el congelado de Dakhla que abastece al mercado español.
El frente empresarial español subraya el efecto de competencia por costes laborales y ambientales más bajos. En el segmento del tomate, el sector cita una caída de la producción española del 31% en la última década frente a un aumento del 42% en las importaciones comunitarias de tomate marroquí. FEPEX, por su parte, advierte de que la reforma “incumple” las reglas europeas de comercialización que exigen identificar el país de origen, y alerta del uso de denominaciones como “Dajla Oued Ed-Dahab” o “Laayoune Sakia El Hamra”, que dificultan que el consumidor “reconozca la procedencia real”.
El pulso no termina con la publicación. La revisión legal sigue abierta tras las sucesivas sentencias del TJUE que exigen el “consentimiento expreso” del pueblo saharaui. Mientras tanto, organizaciones como WSRW sostienen que las consultas de la Comisión Europea se han limitado a representantes marroquíes y empresas, “sin participación saharaui”. En paralelo, el debate político regresa al Parlamento Europeo, que deberá pronunciarse para una ratificación definitiva, con el sector agrario y pesquero español ya instalado en la tesis de que la norma “amenaza” la transparencia del mercado comunitario y la sostenibilidad de las explotaciones europeas.

