Australia convirtió el tabaco en un producto de lujo y, con ello, dio pie a la apertura del mercado negro, ilícito y sin control. El precio medio de una cajetilla ronda los 55 dólares australianos, unos 33 euros aproximadamente, y la propia dinámica de las subidas fiscales ha terminado por alimentar una economía paralela que, según la estimación citada por un artículo publicado por el The New York Times, puede explicar hasta la mitad de las ventas de tabaco en el país.
La crónica del diario estadounidense describe un ecosistema ya rutinario: compra “bajo el mostrador” en comercios, vendedores que se desplazan a aparcamientos y redes que han encontrado un negocio de alta rentabilidad. En ese sentido, una jubilada entrevistada por el Times, Pat Felvus, explica el incentivo con una frase que suena a sentido común: “¿Por qué pagarías cuatro veces más?”.
El aumento exponencial del precio del tabaco conlleva a la violencia. Esto es así, ya que la competencia por el control del tabaco ilícito se ha traducido en incendios provocados, extorsiones, tiroteos y homicidios. La policía australiana ha hablado de al menos 100 ataques incendiarios vinculados a esta guerra por el mercado, concentrada en Melbourne, y el propio reportaje recoge las amenazas directas a comerciantes. Tal y como explica el criminólogo James Martin, citado por el Times, “antes era solo un problema de salud y ahora es un problema de crimen”.
Europa sigue los mismos pasos
Lo que pasa en Australia es incómodo para Europa. Si miramos a Bélgica, podemos ver cómo este se ha convertido en el centro neurálgico para la producción y distribución de cigarrillos falsificados en Europa, un negocio criminal multimillonario que aprovecha la ubicación estratégica y la excelente red de carreteras del país. Debido a los altos impuestos sobre el tabaco en países vecinos como Francia y el Reino Unido, las organizaciones criminales instalan fábricas clandestinas en almacenes belgas, operadas a menudo por trabajadores en situación irregular, para abastecer el mercado negro con productos baratos pero peligrosos para la salud.
El artículo de The New York Times nos enseña que no hay que renunciar a la política de salud encareciendo los precios, sino afinarla. Es decir, que cuando el precio legal se vuelve inasumible y las alternativas legales se estrechan, la compra ilegal deja de ser marginal y se normaliza, incluso en perfiles sin relación previa con el delito. Australia lo ha mostrado: con un impuesto diseñado para reducir el consumo, ha terminado creando una segunda crisis, seguridad, control sanitario y crimen organizado.

