La política sanitaria de la Unión Europea y la evidencia científica parecen llevar caminos opuestos en lo que respecta a las estrategias de reducción de daños en el tabaquismo. Mientras Bruselas se prepara para dar un hachazo fiscal, endurecer la normativa y extender el veto de los aromas característicos a los nuevos dispositivos de nicotina en 2026, un nuevo estudio longitudinal publicado en Internal and Emergency Medicine explican que los cigarrillos electrónicos con sabor a mentol facilitan el abandono total del tabaco convencional con mayor eficacia que aquellos con sabor a tabaco.
El debate se centra en la prevención. La investigación, que ha analizado el comportamiento de 22.905 adultos fumadores en Estados Unidos durante dos años, sugiere que eliminar las alternativas mentoladas podría, paradójicamente, frenar la tasa de deshabituación de los fumadores actuales. Según los datos que arrojan el estudio, los usuarios de dispositivos electrónicos (ENDS) con sabor a mentol mostraron una probabilidad de abandono del cigarrillo convencional significativamente superior (52%) que los que optaron por el sabor a tabaco (46%).
La paradoja del usuario no mentolado
Uno de los descubrimientos más relevantes e interesantes del estudio, que ha aplicado hasta cuatro métodos estadísticos distintos para garantizar la robustez de los datos frente a variables faltantes, es el perfil del beneficiario. Contrariamente a lo que podría dictar la intuición, el beneficio adicional del mentol se concentró en aquellos adultos que consumían cigarrillos tradicionales no mentolados. Para este grupo, el vapeo mentolado actuó como un catalizador más efectivo para dejar de fumar, registrando una tasa de cambio aproximadamente un 10% superior en comparación con el vapeo sabor tabaco.
Este dato cuestiona la tesis de que el mentol sirve únicamente como un puente de continuidad para el fumador de tabaco mentolado. Por el contrario, los autores del estudio sostienen que los hallazgos son sólidos y que el sesgo por datos faltantes fue mínimo (menos del 2% explicado por el sabor), lo que refuerza la validez del que el aroma actúa como un factor diferencial en la cesación.
El muro legislativo de Bruselas
Estos resultados científicos chocan frontalmente con el marco legislativo que la Unión Europea lleva construyendo desde hace una década. La Directiva sobre Productos del Tabaco (TPD) de 2014 ya marcó el camino al prohibir los cigarrillos y el tabaco de liar con aromas característicos, una medida que se hizo efectiva en mayo de 2020. La justicia europea avaló esta línea dura en 2016, cuando el Tribunal de Justicia de la UE desestimó los recursos de Polonia, argumentando que el mentol tiene como finalidad “hacer más atractivos” los productos y que su prohibición es apta para “reducir la prevalencia del tabaquismo”.
La Comisión Europea, lejos de reconsiderar su postura ante la aparición de nuevos productos, ha redoblado la presión. En el horizonte inmediato se encuentra la revisión de la directiva (TPD3), cuya propuesta se espera para el primer trimestre de 2026. Las señales que emite el Ejecutivo comunitario apuntan a una política de “tolerancia cero” que extendería la prohibición de aromas “incluido el mentol” a los cigarrillos electrónicos y las bolsas de nicotina, bajo la premisa de proteger a los jóvenes de la iniciación.

