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Ni Recigarum ni Todacitán: la revista médica más influyente de EEUU alza la voz con un nuevo producto para dejar el cigarro para siempre

Mientras que la FDA empieza a autorizar su venta en Estados Unidos, España refuerza el arsenal farmacológico financiado y con una regulación más restrictiva.

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Una persona fumando en una terraza de un bar |EFE
Francisco Miralles
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La lucha contra el tabaquismo, que es la primera causa de muerte evitable en España con unas 56.000 muertes anuales, ha empezado una nueva fase de diversificación terapéutica. En este sentido, mientras el Sistema Nacional de Salud anunciaba este lunes la financiación de Recigarum (una solución oral de citisiniclina, del laboratorio polaco Adamed), la revista médica más influyente del mundo, JAMA, ha publicado un análisis sobre las bolsas de nicotina y su potencial para actuar como un “puente” para aquellos fumadores que no consiguen dejar de fumar mediante los métodos clínicos convencionales.

Casualidad o no, lo cierto es que esta publicación se produce apenas seis días antes de que el Ministerio de Sanidad de España refuerce su arsenal terapéutico con la financiación de una nueva versión líquida de la citisina (Recigarum). El informe científico de la revista explica que, aunque las investigaciones sobre su eficacia a largo plazo son aún incipientes, el perfil de riesgo de estas bolsas indica que es un 99% menos tóxico que el cigarrillo de combustión. Además, Suecia ya ha demostrado con resultados que la mortalidad por cáncer de pulmón entre los hombres suecos es un 41% inferior a la media de la UE (estudio publicado por Smoke Free Sweden).

Expertos como Cristine Delnevo (presidenta del Comité Asesor de la FDA) comparan su efectividad con la de los chicles de nicotina. Al no requerir inhalación ni calentamiento, el usuario evita la exposición a miles de sustancias cancerígenas presentes en el humo. Además, a diferencia del impacto inmediato del cigarrillo, la absorción de la nicotina es más lenta, lo que reduce el pico de dependencia en el sistema nervioso y facilita una transición menos traumática hacia la cesación total.

Si miramos a España, Sanidad ha invertido 136 millones de euros en fármacos como el Todacitan. Ahora bien, la efectividad de este desembolso es cuestionada por especialistas como Raúl de Simón (coordinador en Semergen), quien denuncia que los criterios de acceso excluyen al 80% de los fumadores. La rigidez de las normas (que exigen una dependencia física extrema) y las tasas de recaída asociadas a los tratamientos químicos hacen que las bolsas de nicotina emerjan como una alternativa de “reducción de daños” previa al uso del medicamento. Además, numerosos estudios independientes confirman que la nicotina no es la que causa la enfermedad y que provoca esas 56.000 muertes anuales, según Sanidad.

La FDA ya ha autorizado la comercialización de varias marcas bajo una regulación estricta (se puede consultar en este enlace). Así y con todo esto, el reto para Sanidad reside en integrar estos nuevos dispositivos sin que se conviertan en una puerta de entrada para los jóvenes.

La conclusión de los expertos citados por JAMA es claro y es, que si un paciente no puede o no quiere dejar la nicotina de forma inmediata, la prioridad debe ser eliminar la combustión. Ahora bien, la regulación de las bolsas de nicotina como paso intermedio podría ofrecer una salida a los fumadores resistentes a la farmacología tradicional, siempre bajo una vigilancia sanitaria que garantice que el objetivo final sigue siendo el abandono total de la adicción.