La economía mundial llegó a 2026 con una resistencia mayor de la prevista, apoyada en la caída de la inflación, unas condiciones monetarias menos restrictivas y el impulso de la inversión ligada a la inteligencia artificial. En una nota de prensa, BBVA explica que la guerra en Oriente Medio se ha convertido en el nuevo foco de riesgo, sobre todo por su capacidad para tensionar el mercado energético.
El documento sostiene que el conflicto y el encarecimiento asociado al petróleo suponen un shock de oferta. Traducido a un lenguaje menos técnico, significa que producir y mover bienes se vuelve más caro, lo que termina presionando los precios al alza y debilitando la actividad. Además, según plantea el informe, ese tipo de crisis también deteriora la confianza y favorece la búsqueda de activos refugio, como el dólar.
En el mejor de los casos, tensión breve y petróleo a 85 dólares
El escenario que BBVA considera más probable es el de una crisis relativamente corta, de alrededor de un mes, con un precio medio del petróleo cercano a los 85 dólares por barril antes de volver a niveles más normales. En ese caso, el impacto global sería limitado. Habría algo más de inflación en Europa y Estados Unidos, pero el crecimiento podría mantenerse en niveles razonables.
El informa muestra que Estados Unidos avanzaría alrededor del 2,5% este año y que la zona euro crecería en torno al 1,1% en 2026, con mejora posterior hacia el 1,4% en 2027. China, por su parte, seguiría desacelerándose de forma estructural hasta el 4,5%. “El impacto global sería reducido”, resume el análisis de BBVA bajo ese supuesto de tensión contenida.
Este escenario no significa que el ciudadano quede al margen, ya que un petróleo más caro suele filtrarse primero a los combustibles, después al transporte y, finalmente, a una parte de la cesta de consumo. La factura energética, los desplazamientos y parte de los alimentos pueden notar esa presión, aunque de forma desigual según la duración del conflicto y la reacción de los mercados.
Lo que cambia si la guerra se prolonga
El verdadero riesgo aparece si la guerra supera esas cuatro semanas, ya que, según BBVA, advierte de que el árbol de probabilidades se abre mucho más cuando la crisis se alarga, porque la economía global quedaría más expuesta a interrupciones energéticas y a una inflación más persistente. Europa y Asia serían las regiones más vulnerables por su mayor dependencia de las fuentes de energía del Golfo.
El informe subraya además un dato clave: un cierre prolongado podría afectar al acceso al 20% de la producción mundial de petróleo. Existen amortiguadores, como las reservas estratégicas o rutas alternativas por el mar Rojo, pero el propio documento matiza que su capacidad de compensación es limitada. En ese contexto, los bancos centrales tendrían menos margen para bajar tipos con rapidez.
La consecuencia más tangible para hogares y empresas sería una economía más incómoda: precios más pegajosos, financiación potencialmente más cara y menor ritmo de crecimiento. Ese equilibrio frágil explica por qué BBVA insiste en que, pese a la resiliencia mostrada por la economía global, el desenlace dependerá de cuánto dure la perturbación energética y de si el petróleo vuelve pronto a niveles más estables.

