El negocio centenario fundado por un sacerdote en 1702 que revive en España con el oro en máximos históricos

Esta institución financiera vive un repunte impulsado por el récord del metal precioso y el renovado interés por empeñar o invertir en joyas.

Un sacerdote franciscano tasa varios lingotes de oro. |Envato Lab
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Los Montes de Piedad, una de las instituciones financieras más antiguas de España, vuelven a situarse en el centro de la actividad económica en plena escalada del oro. El metal precioso encadena máximos históricos y está provocando un doble movimiento: pequeños ahorradores que compran lingotes para proteger su patrimonio a largo plazo y ciudadanos que empeñan joyas en busca de liquidez inmediata.

En la oficina central del Monte de Piedad de Madrid, situada en la plaza de las Descalzas, decenas de personas esperan su turno para dejar en prenda alhajas heredadas. En algunos casos lo hacen para afrontar gastos cotidianos y, en otros, para financiar caprichos como un teléfono de última generación o un viaje.

La escena no es aislada. Santiago Gil, director de Montes de Piedad y Monteoro, explica que esta "descapitalización" del patrimonio familiar se ha convertido en una tendencia. Sin embargo, pese al fuerte encarecimiento del oro, el volumen total de operaciones apenas ha variado. En 2025 se concedieron 130.006 préstamos, un 0,31% menos que el año anterior.

Fundado en 1702 como obra social

Aunque el concepto original nació en Italia a mediados del siglo XV, impulsado por los frailes franciscanos para combatir los abusos de los prestamistas, en España la semilla la plantó el sacerdote Francisco Piquer. En 1702, este capellán depositó una moneda de plata de un real en una caja de ánimas en Madrid, fundando así el primer Monte de Piedad del país con el objetivo de ofrecer créditos justos sin recurrir a la usura. Más de tres siglos después, la institución sigue funcionando como alternativa para personas excluidas de los canales financieros tradicionales y destinando sus beneficios a la obra social.

Tras la crisis financiera de 2008, su perfil de cliente se amplió. A los usuarios con dificultades para acceder al crédito se sumaron autónomos y profesionales liberales que recurren al empeño como herramienta puntual de liquidez. Entre los perfiles habituales figuran "los artistas", que utilizan este sistema para cubrir la hipoteca entre contrato y contrato, así como familias que afrontan gastos estacionales como matrículas universitarias o la campaña navideña.

Gil destaca también la llegada de público joven que emplea el empeño para financiar el ocio inmediato. Medallas o pulseras heredadas se convierten en la vía para pagar desde un viaje a Ibiza hasta entradas para festivales como el "Mad Cool".

Diferencias frente a los "Compro oro"

El funcionamiento del Monte de Piedad dista del modelo de los establecimientos de "Compro oro", que anuncian precios de hasta 120 euros por gramo, generalmente referidos al oro de 24 quilates.

En el Monte de Piedad el cliente obtiene liquidez dejando una joya en prenda y paga intereses únicamente por el tiempo transcurrido. El tipo estándar es del 8,25% anual, del 5% para jóvenes y del 6,25% para autónomos. Si el usuario no recupera la pieza, ésta sale a subasta. El excedente de la venta se entrega íntegramente al antiguo propietario. Según asegura Gil, "ha habido personas que reciben una llamada avisándoles de que tienen 4.000 euros esperándoles por el sobrante de su joya".

La subida del metal no solo impulsa el empeño. Cada vez más clientes optan por adquirir lingotes en las propias oficinas para preservar sus ahorros ante la baja rentabilidad de los depósitos bancarios tradicionales y la dificultad de acceder a otros activos como la vivienda.

Esta dualidad refleja dos realidades económicas distintas. Mientras unos se desprenden temporalmente de su patrimonio para obtener liquidez inmediata, otros baten récords en la compra de oro de inversión convencidos de que, pese a cotizar en máximos, el metal seguirá revalorizándose en los próximos años.

La plata sube, pero sin fiebre

La tendencia no se replica con la plata. Aunque este metal llegó a dispararse un 140% al final de 2025, en los Montes de Piedad no se ha producido una fiebre similar.

Las vajillas, candelabros y cuberterías mantienen un ritmo de empeño estable, comparable al de ejercicios anteriores. La razón, apunta Gil, es sencilla: "ya quedan pocas casas con aquellas fuentes y candelabros de las abuelas".

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